La historia de un ballet: del grabado al escenario
El famoso ballet La fille mal gardée tiene un origen curioso, pues nació de la inspiración que le produjo al coreógrafo francés Jean Dauberval la contemplación de una obra gráfica. Según la tradición, la idea original surgió en 1789, cuando Dauberval vio en una tienda de grabados de Burdeos una estampa basada en un dibujo de Pierre-Antoine Baudouin titulada La Réprimande o Une jeune fille querellée par sa mère (La reprimenda o Una joven regañada por su madre).
La imagen mostraba a una muchacha siendo reprendida por su madre; mientras su amante huía para esconderse en un pajar. Esta escena, de tono cómico y cotidiano, cautivó a Dauberval y se convirtió en la semilla de su coreografía.
La obra dancística, cuyo título puede traducirse como La hija mal custodiada o La hija desobediente, es una de las piezas más antiguas y queridas del repertorio clásico. Se estrenó el primero de julio de 1789 en el Grand Théâtre de Burdeos (Francia), bajo el título original Le ballet de la paille, ou Il n’est qu’un pas du mal au bien (El ballet de la paja, o solo hay un paso del mal al bien). El estreno coincidió con los albores de la Revolución Francesa, un contexto de transformación social que hacía especialmente relevante su trama de amor entre jóvenes de distinta condición económica.
Aunque a lo largo del siglo XIX se realizaron numerosas reposiciones, la versión que se representa mayoritariamente en la actualidad es la coreografiada por Frederick Ashton para el Royal Ballet de Londres en 1960. Llena de humor y virtuosismo técnico, esta producción revitalizó la obra y es considerada una pieza maestra del repertorio británico.
Otros coreógrafos de renombre también dejaron su impronta en esta pieza. Entre las versiones más destacadas se encuentran las de Marius Petipa y Lev Ivanov (1885, San Petersburgo); la de Paul Taglioni (1864, Berlín, con una partitura completamente nueva); la de Alexander Gorsky (1903, Moscú); la de Bronislava Nijinska (1940, Nueva York), la reconstrucción histórica de Pierre Lacotte para la Ópera de París (1985) y la emblemática versión de la prima ballerina assoluta cubana Alicia Alonso, creada para el Ballet Nacional de Cuba.
La fille mal gardée es una comedia romántica que celebra el triunfo del amor auténtico frente a la imposición y la avaricia. Su trama puede resumirse así: Lise es una joven alegre e ingeniosa, hija de la viuda Simone, una granjera acomodada y autoritaria que pretende casarla con un hombre rico. Sin embargo, Lise está enamorada de Colas, un humilde campesino. A pesar de la estricta vigilancia de su madre, la muchacha se las ingenia para reunirse con su amado. Finalmente, Simone, conmovida y resignada, termina bendiciendo la unión de los jóvenes, y el ballet concluye con una fiesta popular.
En síntesis, La fille mal gardée es una obra maestra que conjuga una historia de origen popular y desenfadado con una coreografía brillante, exaltando la astucia juvenil y la victoria del amor sobre las convenciones sociales.
La influencia de este ballet ha trascendido la danza, dejando eco en el cine, el teatro y la literatura, aunque rara vez de forma literal. En el cine, la película muda The Fickle Girl (1920), protagonizada por Olive Thomas, explora una dinámica similar: una joven dividida entre un pretendiente impuesto por su familia y su amado de clase humilde. En el teatro musical, The Girl Friend (1926), de Richard Rodgers y Lorenz Hart, presenta una trama casi idéntica ambientada en los años 20, del pasado siglo XX, con una protagonista que se niega a aceptar el matrimonio arreglado con un adinerado, pero torpe pretendiente.
En la literatura infantil, el ballet inspiró el libro ilustrado La fille mal gardée, de la escritora y dibujante cubana Leticia Tarragó, que adapta la historia para el público más joven. En el ámbito académico, la obra es frecuentemente citada en ensayos sobre historia de la danza, como en Apuntes sobre la evolución del ballet de Róger Salas, en el que se analiza su relevancia como una de las primeras comedias coreográficas del género.
Acerca de la obra pictórica
La imagen que inspiró a Dauberval fue creada hacia 1765 con la técnica de gouache sobre un pliego de papel de 29,5 cm de alto por 22 cm de ancho. En realidad, el gouache conservado es una réplica realizada en el taller de Baudouin; la obra original, pintada en 1764, fue expuesta en el Salón de París de 1765 bajo el título La campesina regañada por su madre. Fue a partir de esta composición que el grabador Pierre-Philippe Choffard realizó la estampa que finalmente vio Dauberval en Burdeos.
El término gouache proviene del italiano guazzo («agua» o «charco») y se define como una técnica de pintura al agua opaca. Sus componentes son los mismos que los de la acuarela: pigmento en polvo, agua como disolvente y goma arábiga como aglutinante. La diferencia fundamental radica en que; mientras la acuarela depende del blanco del papel para los claros, el gouache incorpora un pigmento blanco (como carbonato de calcio o dióxido de titanio) o una mayor concentración de carga, lo que le confiere su característico acabado opaco y mate.

