¿Los audiovisuales estimulan los valores culturales y estéticos?
Por doquier crecen los consumos multipantallas que estimulan el imperio de las imágenes. Pero esa excesiva producción no garantiza la percepción de valores estéticos y narrativos.
¿Qué necesitamos para ser reconocidos? Contar nuestra historia.
Seamos conscientes: no existe relato sin identidad. Cada relato debe “ver” lo perdurable, lo posible y lo efímero. Como ocurre durante la vida cotidiana, pero sin copiarla.
¿De qué se trata? De saber recrear dramatúrgicamente aspiraciones, sueños, angustias e interrogantes en las ficciones audiovisuales. No hay que dar soluciones en telenovelas o telefilmes. Pero si es preciso incluir en tramas y conflictos diferentes esas preocupaciones que nos hacen pensar todo de nuevo para ser mejores seres humanos.
El medio televisivo propone en diferentes ficciones complejas problemáticas socioculturales.
Quizás, sin decirlo explícitamente, ellas establecen relaciones entre áreas, motivos, circunstancias de disímiles realidades de nuestra existencia. Soledades, alegrías, descubrimientos y curiosidades. Esa visión enriquecedora favorece el devenir histórico cultural. Propicia comprendernos mejor y estar más cerca de amigos, familiares y vecinos. A veces, lo que aprendemos en un cuento televisual o en un breve corto activa nuestros sentimientos y nuestros disfrutes. Pensémoslo.
Pero también debemos reflexionar sobre las narrativas audiovisuales que circulan fuera de la escuela y del hogar junto a las familias. Muchas estimulan el ocio banal de manera silenciosa y colonizadora para “desconectar”.
Debemos estar atentos. Sensibilizar emociones trasciende el hecho de provocar llantos, risas, violencias y añoranzas. Urge meditar: ¿lo que vemos nos permite mejorar nuestras conductas y al unísono contribuir a la felicidad de otras personas?
De esto se trata. “Ver” en profundidad dramatúrgicamente demanda comprender, sentir, vivir lo propio, lo ajeno en beneficio del desarrollo intelectual y espiritual.
Los audiovisuales estimulan los valores culturales y estéticos cuando el género dramático elegido para contar el relato responde las convenciones que lo identifican: el azar en el melodrama, la culpa en la tragedia. Cada uno permite que quienes escriben y dirigen sepan contar las historias de manera creíble.
Pensémoslo.

