Manuel Mendive: El hechicero de la plástica cubana
Un artista no busca, encuentra: la obra de Manuel Mendive Hoyos descubre el alma de Cuba en cada trazo de raíces africanas y hace visible lo invisible de nuestra cultura. Desde las calles de Luyanó en La Habana hasta los muros del Vaticano, sus trabajos han tejido un puente entre el universo mágico-religioso afrocubano y las expresiones contemporáneas del arte global.
Nacido en 1944 en una familia profundamente vinculada a la santería, Mendive se ha convertido en el principal exponente de las influencias afrocubanas en las artes visuales, un creador cuya espiritualidad impregna cada una de sus creaciones, desde la pintura hasta el performance.
Sus obras no solo decoran museos desde Cuba hasta Noruega o Rusia, sino que activan espacios públicos con performances que transforman cuerpos en lienzos vivientes y convocan rituales modernos de identidad cultural.
Mendive encontró sus primeros símbolos visuales en el entorno familiar de la Santería, una influencia que marcaría indeleblemente su trayectoria. Sin embargo, su formación fue doblemente rigurosa: por un lado, la tradición oral y ritual yoruba; por otro, la academia más prestigiosa de Cuba. Se graduó con honores en pintura y escultura en la Academia de Bellas Artes San Alejandro en 1963 y complementó estos estudios con cursos en el Departamento de Etnología y Folklore de la Academia de Ciencias de Cuba, lo cual le permitió fusionar desde temprano el rigor técnico con la investigación cultural profunda.

Su obra constituye un sistema visual completo donde conviven dioses, hombres, animales y elementos naturales en una armoniosa narrativa mitológica. La espiritualidad yoruba, la identidad afrocubana y la naturaleza como escenario sagrado son algunos de los temas recurrentes en sus creaciones. También aparecen objetos rituales, elementos naturales y figuras biomórficas, a medio camino en las representaciones de animales y seres humanos, con atributos como alas o múltiples extremidades que simbolizan tanto la trinidad católica como la conexión cuerpo-espíritu-naturaleza de la Santería.
Los críticos coinciden en que Mendive representa un punto de inflexión histórico en la manera en que el arte cubano aborda sus raíces africanas. Antes que él las referencias afrocubanas en el arte tendían hacia el folclorismo o la ilustración etnográfica. Mendive internalizó la cosmovisión yoruba para generar un lenguaje visual orgánico y contemporáneo.
Durante su vida ha inspirado a generaciones más jóvenes de artistas a explorar la espiritualidad y la identidad afrocubana desde perspectivas contemporáneas, con un lenguaje artístico claro. Desde esa perspectiva, su consagración con el Premio Nacional de Artes Plásticas en 2001 marcó un reconocimiento oficial a la centralidad de la tradición afrocubana en la cultura nacional.
La poeta y ensayista, Nancy Morejón, destacó cómo Manuel logra poetizar visualmente tradiciones que muchas veces han sido marginadas del discurso cultural hegemónico.
Gerardo Mosquera, destacado crítico de arte, por su parte, señala que en él la raíz africana tiende a integrarse sin contradicciones en una nueva entidad: la nación cubana. De igual modo, Carol Damian, directora del Frost Art Museum, observa que: “Manuel Mendive une el cuerpo del ser humano a la tierra que lo ha generado… Es un concepto totalizante del arte donde lo pictórico se mezcla con el cuerpo y el alma”.
A sus ocho décadas de vida, Manuel Mendive mantiene una sorprendente vitalidad creadora y continúa expandiendo los límites de su propio universo artístico. En 2024 presentó su primera gran retrospectiva en Cuba, “Pan con guayaba, una vida feliz”, que reunió casi un centenar de obras en el Museo Nacional de Bellas Artes, demostró que su capacidad de innovación permanece intacta. Asimismo realizó performances donde pinta directamente sobre cuerpos de bailarines y crea obras vivientes que fusionan artes visuales, danza y música en rituales contemporáneos.

El legado de Mendive parece asegurar su permanencia en el canon del arte cubano y caribeño por varias razones fundamentales. Su obra resuelve visualmente la compleja ecuación de la identidad cubana e integra herencias africanas, españolas y criollas en un lenguaje visual coherente y distintivo. En un mundo artístico globalizado, Manuel representa el valor de profundizar en lo local para alcanzar lo universal, sin concesiones a expectativas exógenas. Su práctica integra pintura, escultura, performance, música y danza, y anticipa las prácticas artísticas interdisciplinarias que caracterizan el arte contemporáneo del siglo XXI.
Manuel Mendive Hoyos ha demostrado que el arte puede ser simultáneamente raíz y rama: profundamente anclado en tradiciones específicas y abierto a los vientos de la creación contemporánea. Su obra, más que representar la cultura afrocubana, la hace visible y tangible en su dimensión espiritual más profunda. En un mundo donde las identidades culturales son constantemente desafiadas por la globalización, la cosmovisión mendiviana ofrece un poderoso antídoto: la certeza de que mirar honestamente hacia dentro es el camino más seguro para conectar auténticamente con los demás. Su legado, ya inscrito con letras doradas en la historia del arte cubano, continúa creciendo y transformándose, como esos árboles sagrados que tanto ama pintar, cuyas raíces se hunden en la tierra africana y cuyas ramas acarician el cielo caribeño.

