Melba Hernández, valentía y amor
A doce años de su partida física, Melba Hernández Rodríguez de Rey se recuerda a cada paso por su ejemplo de mujer valiente, su disposición para el combate y cualquier tarea por riesgosa que fuera, su humildad y el amor a su pueblo, a su patria y a los máximos dirigentes de la Revolución.
En una ocasión confesaba: «Mi motor es Fidel… mi motor es la Patria. La Patria y Fidel». Y así lo demostró desde mucho antes de que se involucrara en los preparativos del asalto al cuartel Moncada (1953) hasta el último latido de su corazón, el 9 de marzo de 2014.
Mucho podrá escribirse sobre su vida, su pensamiento revolucionario y la obra legada a las presentes y futuras generaciones. Pero en este motivo que hoy nos convoca para rendirle el merecido homenaje, nos acercaremos a momentos importantes -incluso poco conocidos- de su participación en la lucha de la Sierra Maestra, cuando fue designa junto a otros 76 compañeros para integrar en 1958 el Tercer Frente Oriental Mario Muñoz Monroy, bajo el mando del comandante Juan Almeida Bosque.
Desde los momentos fundacionales del Frente, a partir de la visión estratégica del Comandante en Jefe Fidel Castro, participó en la materialización de las transformaciones derivadas del quehacer revolucionario, para revalorizar la vida en la montaña y de los desafíos para consolidarlas. En los seis mil kilómetros cuadrados que llegó a abarcar esta agrupación, se desarrollaron más de doscientas acciones de guerra y fueron sus integrantes los primeros en entrar victoriosos a Santiago de Cuba.
Melba tenía conocimientos de Derecho, especialidad de la que se había graduado en 1943 en la Universidad de La Habana, que le sirvieron para enfrentar la responsabilidad de atender los asuntos legales en esa misión, tanto en lo civil como en lo penal.
Allí atendió la recaudación del impuesto al café y al ganado, y en lo militar, la distribución de las pocas armas con las que contaban, así como las dinamitas; también la organización de una escuela en el territorio que abarcaba el Tercer Frente y que por indicación del máximo líder se había creado para dar clases a los campesinos y a los rebeldes que integraban la tropa.
Desde las más altas montañas de Cuba, la heroína del Moncada, de la Sierra y del Llano -como se le conoce- ayudó a construir ese futuro que sería posible con el triunfo definitivo de la Revolución, el Primero de Enero de 1959, cuando todas sus fuerzas se pusieron en función de llevar adelante el hermoso programa del Moncada.
Melba vive en la obra revolucionaria que ayudó a fundar e impulsar, junto a su permanente sonrisa, esa que brota cuando se siente la satisfacción del deber cumplido.

