Pensar el género telenovela en el siglo XXI
En el siglo XXI siguen vigentes la necesidad de entretenimiento y las crecientes expectativas originadas mediante relatos telenovelescos concebidos por creadores de varios países.
Les proponemos pensar juntos en un género que continúa sumando adictos de diferentes edades: la telenovela.
A propósito, recordamos una inteligente aseveración del director Julio García Espinosa, avezado teórico y cineasta: “En un mundo de sentimientos cada vez más asépticos, la telenovela rescata, sin complejo alguno, la posibilidad de volvernos a emocionar”.
De alguna manera, el destacado artista puso en guardia prejuicios e interrogantes y colocó a guionistas y realizadores ante un creciente desafío: ¿cómo contar historias que parezcan distintas, cuando en realidad son las mismas de siempre?
En todas tiene que ser el amor una obsesión. También suele ocurrir: la historia parte de una familia, cuya felicidad se ve quebrantada por accidentes, separaciones y otros obstáculos. Lo determina un hecho casual, este requerimiento es inviolable y responde al género dramático melodrama, indispensable en cualquier telenovela. A partir de ese acontecimiento, las luchas de ambas familias se manifiestan desde dos bandos en pugna. Transcurrirán innumerables peripecias en busca de la catarsis, del cambio de equilibrio en favor del bien y el restablecimiento del orden liderado por el amor.
Así suelen ser las telenovelas. Lograr creatividad depende de quien escribe, de quien dirige, del equipo encargado para llevarla adelante.
¿Y de los públicos? También; pues a partir de lo contado cada espectador construye su propia telenovela.
Pensemos: en esta narrativa no bastan los abordajes de temas sociales, como la emigración, el alcoholismo o la homofobia. Es preciso que guionistas, directores y equipos creativos sean conscientes de enriquecer cada relato sin violentar requerimientos propios del género. Entre ellos la recurrencia al melodrama y al triunfo de la justicia y del amor que mueven emociones infinitas en cada ser humano de cualquier rincón del planeta.
Impresionar por su verdad ficcional, aunque nunca haya sucedido es una máxima invariable. De lo contrario, los públicos desconectan de personajes, conflictos y aspiraciones construidas para seducir y mantener a cada espectador siguiendo el curso de la trama hasta el final sin cansarse ni aburrirse.
Al indagar en las posibilidades de la imaginación humana, urge seguir cultivando destrezas en el dominio de teorías y prácticas; unas y otras determinan en la mejor comprensión de puestas audiovisuales que requieren siempre la inteligencia lectora.
Dichas narrativas se adecuan al panorama comunicativo en la era de internet; Generan transformaciones condicionadas por la utilización y disposición de los nuevos medios desde perspectivas tecnológicas, perceptivas e intermediales.
Una telenovela es una telenovela no es la vida real.
Pensémoslo.

