Pensemos cómo educar para la vida

Pensemos cómo educar para la vida
Foto tomada de Audible

Al hacer memoria retomamos una ilustrada advertencia: “Todo lo que sabemos lo sabemos entre todos”. Lo dijo un campesino andaluz, analfabeto, a Juan de Mairena, personaje recreado en prosa por el poeta español Antonio Machado, quien vivió entre 1875 y 1939.

Dicho apócrifo –el yo filosófico del notable escritor- define la esencia del ecosistema comunicativo en el siglo XXI, en el que urge la inteligencia lectora.

Pensemos en esencias que debemos compartir al educar para la vida.

No hay verdades absolutas, sino conocimientos. Estos se construyen durante un dinámico proceso que ocurre en el intelecto individual. También durante intercambios de ideas, puntos de vista y vivencias entre las personas.

A propósito, es imposible olvidar un concepto de José Martí plasmado en La Edad de Oro. El, artista, político y editor cultivó sabias ideas. Eduquemos mediante el arte para despertar en el niño y la niña la pasión por el conocimiento. Quizás poco se piensa o no, como lo merece en la utilidad de ese documento clásico en la narrativa de idioma español y su repercusión en adultos sin límites de edades.

Incluye temas y asuntos decisivos en la formación ética de las nuevas generaciones: Estos se prodigan en relatos que remiten a fuentes históricas, documentos de archivos, testimonios; desde ángulos diversos Martí cuenta la historia de la humanidad sin renunciar a imágenes poéticas, metáforas y elipsis.

Nuestra sociedad no puede ser pensada sin la comunicación. Cada vez son más necesarias las estrategias en los medios de comunicación audiovisuales, literarios y artes visuales que revelen valores y contribuyan al desarrollo del léxico y aporten riquezas a la identidad.

El género documental lo propicia. Una oportuna perspectiva ofrece el relato La vida es un sueño, de la máster Arlety Veneus, quien redescubre desde su perspectiva los aportes del notable músico Arsenio Rodríguez.

Recordemos, José Martí, afirmó: “Patria es humanidad”. Su dimensión convoca al quehacer creativo. El propósito del arte no es solo crear la vida del espíritu humano; sino transmitirlo externamente en forma artística.

Tengámoslo presente. Los antiguos griegos desconocían el término crear, les bastaba con hacer. Es una máxima urgente en beneficio de la virtud de educar para la vida. Lo apunta magistral Antonio Machado: “nuestras horas son minutos / cuando esperamos saber / y siglos cuando sabemos/ lo que se puede aprender.”

Pensémoslo, el camino se hace al andar.

Sahily Tabares Hernández

Dra. en Ciencias sobre Arte, periodista cultural y profesora‍ de la Universidad de La Habana.