“…porque en Cuba solo ha habido una Revolución”
El 10 de octubre de 1868 marcó el inicio de la Revolución misma, de una nueva etapa en la historia cubana. Los que en aquella mañana, hace 158 años, se reunieron en el ingenio Demajagua para apoyar el acto de rebeldía y suscribirse al Manifiesto que daría a conocer Carlos Manuel de Céspedes, se convirtieron en los protagonistas del tránsito de la etapa reformista a la insurreccional.
Con la proclama de aquel primer gran documento de esa gesta, en el que se explicaban las razones del alzamiento, se expresaba el deseo de una abolición de la esclavitud con indemnización y se centralizaba la dirección civil y militar de la Revolución.
Desde esa memorable fecha, la manigua se convirtió en el escenario excepcional donde hombres de distintas clases sociales mezclaron sus energías y destrezas, y fundaron un ejército mambí que, a fuerza de coraje y desprendimiento, llevó el empeño emancipador de la tierra amada por sobre todos los obstáculos y enarbolando la firme consigna de ¡Viva Cuba Libre!, que hoy adquiere excepcional vigencia.

Céspedes también mostró a los presentes la bandera de la Revolución, confeccionada la noche anterior y, ante la insignia, todos prestaron juramento solemne de vencer o morir. Con voz enardecida de patriotismo, el insigne patriota juró acompañarlos hasta el final de su vida, a lo cual dio cabal cumplimiento.
Sin aquel poderoso cimiento, sin aquella fragua de lucha sangrienta, de manigua, de hambre y sacrificios increíbles, sin aquel firmamento de héroes en que se inscribieron los nombres del propio Céspedes, Ignacio Agramonte, Máximo Gómez, Antonio Maceo y muchos otros, no habría podido concebirse más tarde la extraordinaria obra patriótica, revolucionaria y antimperialista de José Martí y su Partido Revolucionario Cubano.
Sin aquellos primeros esfuerzos no se habrían consolidado en el pueblo cubano las tradiciones y aspiraciones revolucionarias, que lo hicieron capaz de resistir el empuje brutal del neocolonialismo yanqui y, años más tarde, las agresiones imperialistas y la política genocida de hoy.

En sus juicios sobre la contienda de 1868, encontramos la idea de que con la revolución fue que comenzó a forjarse la nación cubana. Esa revolución fue para Martí la experiencia para organizar y preparar la próxima e inevitable contienda, y como tal era en su época la misión histórica que tocaba materializar a los revolucionarios.
La revolución que apremiaba para impedir la participación de un enemigo más poderoso que el colonizador, que ya dejaba entrever claramente ante sus ojos las ambiciones para con el resto del continente; la revolución que tenía como objetivo más alto fundar un pueblo, había de ser “la revolución entera (…) no la revolución que continúe los errores de la guerra pasada”. Revolución entera que sería enlace y continuidad en la guerra y en la paz anhelada por generaciones de cubanos, en la república concebida por Martí “con todos y para el bien de todos”.
En las nuevas condiciones de lucha, la decisión de ¡Independencia o Muerte! de aquel 10 de Octubre de 1868, fue revitalizada en la de ¡Libertad o Muerte! de las luchas contra las tiranías machadista y batistiana, y sigue presente, con extraordinaria fuerza y conciencia, para las actuales generaciones con nuestra certeza de ¡Patria o Muerte, Venceremos!

