Remberto Bécker, entre dos siglos de música popular cubana

Remberto Bécker, entre dos siglos de música popular cubana

Cuando se habla de compositores icónicos y prolíficos de la música popular cubana resulta necesario mencionar a Remberto Bécker Márquez, creador de boleros, guarachas, guajiras y sones que marcaron generaciones. Su obra más emblemática, A toda Cuba le gusta, se convirtió en un himno del baile popular y le valió reconocimiento internacional.

Destacó también por ser uno de los creadores musicales más longevos de Cuba pues nació el 4 de febrero de 1910 y falleció 102 años después, lo que le permitió ser testigo y protagonista de la evolución de la música popular desde los años cuarenta hasta el siglo XXI.

Como solía suceder en tiempos precedentes al triunfo de la Revolución, tuvo que ganarse la vida en oficios ajenos a su vocación musical. Así, trabajó como pintor y decorador, e incluso practicó el boxeo profesional.

En 1943 fundó el Cuarteto Bécker junto a Orlando Vallejo, Carlos Querol y Elías Castillo, con Carlos “Patato” Valdés en la percusión.

Fue un innovador en la fusión de géneros, combinando el bolero, la guaracha y el son con frescura, y aportando piezas que se convirtieron en repertorio obligado de orquestas y cantantes.

Entre sus piezas más icónicas se encuentra su obra cumbre, ya mencionada: la guaracha A toda Cuba le gusta, grabada por Orlando Guerra “Cascarita” en 1943, que ganó un Grammy en 1998 en la categoría de Música Tradicional. En este género también es necesario mencionar Bailadores y Como cambian los tiempos.

En cuanto a los boleros, cabe destacar Llegaron las golondrinas, Qué belleza de mujer y De ti enamorado, un bolero-mambo. También fueron éxitos la guajira Mi linda casita y el son Aquí nacen los soneros.

Sus composiciones reflejan la identidad cubana, con letras que exaltan la vida cotidiana, el amor y la alegría del baile.

Remberto Bécker encarna la continuidad de la música popular cubana en el siglo XX. Desde su cuarteto inicial hasta sus guarachas que hicieron vibrar los salones de baile, su obra se integró al imaginario colectivo. Su longevidad le permitió ser un puente entre la época dorada del son y el bolero y la modernidad musical, manteniendo siempre la esencia de lo cubano. Su legado es un testimonio de cómo la música popular puede ser a la vez entretenimiento, identidad y memoria cultural.

Gilberto González García