Silvio Rodríguez, una fuente de inspiración inagotable

Silvio Rodríguez, una fuente de inspiración inagotable
Obra Mujer con sombrero, Marc Chagall. Foto tomada del blog Verbiclara

Trovadores reconocidos por su relevancia artística consideran a la poesía como una fortuna inspiradora. Silvio Rodríguez es un referente obligado. Su música ha sido recreada por compositores e intérpretes en instrumentales que dan fe de esa riqueza expresiva.

Pensemos en el trovar de un poeta músico cantor: Silvio Rodríguez.

Poco se reflexiona desde el pensamiento crítico en la espiritualidad sensible de un artista que incorpora a sus obras metáforas y hallazgos infinitos siempre sorprendentes.

Lo ilustra, por ejemplo, en su canción Óleo de mujer con sombrero.

Dice: Una mujer innombrable huye como una gaviota y yo rápido saco mis botas, blasfemo una nota y apago el reloj.

La intuición creativa distingue su estilo para componer.

Él dice de manera natural lo que siente y cómo lo siente.

Lo estético nutre sus fuentes proveedoras de imágenes y símbolos. Ambos motivan músicas instrumentales sin textos que hablan mediante un lenguaje sugerente y cálido.

Esa comunión de textos sonoros incitadora de las indagaciones perennes mantiene siempre atento el interés de generaciones. Él siempre vuelve igual y diferente: provocador incisivo para hacernos meditar sobre un asunto crucial: ¿es posible aprender de las palabras de la vida? La interrogante fluye directa o indirectamente. Nunca es silenciosa, aunque llegue callada alerta y motiva el pensar.

Así es Silvio: incluso cuando su música inspiró instrumentales sabios; pues llegan al alma y a la conciencia.

Pensémoslo.

Óleo de una mujer con sombrero, Silvio Rodríguez.

Una mujer se ha perdido

Conocer el delirio y el polvo

Se ha perdido esta bella locura

Su breve cintura debajo de mí

Se ha perdido mi forma de amar

Se ha perdido mi huella en su mar

Veo una luz que vacila

Y promete dejarnos a oscuras

Veo un perro ladrando a la luna

Con otra figura que recuerda a mí

Veo más, veo que no me halló

Veo más, veo que se perdió

La cobardía es asunto

De los hombres, no de los amantes

Los amores cobardes no llegan a amores

O a historias, se quedan allí

Ni el recuerdo los puede salvar

Ni el mejor orador conjugar

Una mujer innombrable

Huye como una gaviota

Y yo rápido seco mis botas

Blasfemo una nota y apago el reloj

Qué me tenga cuidado el amor, el amor

Que le puedo cantar su canción

Una mujer con sombrero

Como un cuadro del viejo Chagall

Corrompiéndose al centro del miedo

Y yo, que no soy bueno, me puse a llorar

Pero entonces lloraba por mí

Y ahora lloro por verla morir

Pero entonces lloraba por mí

Y ahora lloro por verla morir.

Sahily Tabares Hernández

Dra. en Ciencias sobre Arte, periodista cultural y profesora‍ de la Universidad de La Habana.