Silvio Rodríguez, una fuente de inspiración inagotable
Trovadores reconocidos por su relevancia artística consideran a la poesía como una fortuna inspiradora. Silvio Rodríguez es un referente obligado. Su música ha sido recreada por compositores e intérpretes en instrumentales que dan fe de esa riqueza expresiva.
Pensemos en el trovar de un poeta músico cantor: Silvio Rodríguez.
Poco se reflexiona desde el pensamiento crítico en la espiritualidad sensible de un artista que incorpora a sus obras metáforas y hallazgos infinitos siempre sorprendentes.
Lo ilustra, por ejemplo, en su canción Óleo de mujer con sombrero.
Dice: Una mujer innombrable huye como una gaviota y yo rápido saco mis botas, blasfemo una nota y apago el reloj.
La intuición creativa distingue su estilo para componer.
Él dice de manera natural lo que siente y cómo lo siente.
Lo estético nutre sus fuentes proveedoras de imágenes y símbolos. Ambos motivan músicas instrumentales sin textos que hablan mediante un lenguaje sugerente y cálido.
Esa comunión de textos sonoros incitadora de las indagaciones perennes mantiene siempre atento el interés de generaciones. Él siempre vuelve igual y diferente: provocador incisivo para hacernos meditar sobre un asunto crucial: ¿es posible aprender de las palabras de la vida? La interrogante fluye directa o indirectamente. Nunca es silenciosa, aunque llegue callada alerta y motiva el pensar.
Así es Silvio: incluso cuando su música inspiró instrumentales sabios; pues llegan al alma y a la conciencia.
Pensémoslo.
Óleo de una mujer con sombrero, Silvio Rodríguez.
Una mujer se ha perdido
Conocer el delirio y el polvo
Se ha perdido esta bella locura
Su breve cintura debajo de mí
Se ha perdido mi forma de amar
Se ha perdido mi huella en su mar
Veo una luz que vacila
Y promete dejarnos a oscuras
Veo un perro ladrando a la luna
Con otra figura que recuerda a mí
Veo más, veo que no me halló
Veo más, veo que se perdió
La cobardía es asunto
De los hombres, no de los amantes
Los amores cobardes no llegan a amores
O a historias, se quedan allí
Ni el recuerdo los puede salvar
Ni el mejor orador conjugar
Una mujer innombrable
Huye como una gaviota
Y yo rápido seco mis botas
Blasfemo una nota y apago el reloj
Qué me tenga cuidado el amor, el amor
Que le puedo cantar su canción
Una mujer con sombrero
Como un cuadro del viejo Chagall
Corrompiéndose al centro del miedo
Y yo, que no soy bueno, me puse a llorar
Pero entonces lloraba por mí
Y ahora lloro por verla morir
Pero entonces lloraba por mí
Y ahora lloro por verla morir.

