Allí se peleó con denuedo y mucho derroche de valor e intrepidez, lográndose que el 30 de abril de 1896 el enemigo español sufriera una gran derrota y al amanecer del primero de mayo abandonara finalmente el lugar.
Allí se peleó con denuedo y mucho derroche de valor e intrepidez, lográndose que el 30 de abril de 1896 el enemigo español sufriera una gran derrota y al amanecer del primero de mayo abandonara finalmente el lugar.