Un 2 de octubre que marcó el rumbo del español en Cuba

Un 2 de octubre que marcó el rumbo del español en Cuba
Foto tomada de La Jiribilla

La cultura cubana posee fechas que funcionan como bisagras de su historia. Una de ellas es el 2 de octubre de 1926. Ese sábado, en La Habana, quedó constituida formalmente la Academia Cubana de la Lengua, capítulo correspondiente de la Real Academia Española. La cita no fue un simple trámite burocrático. Representó la materialización de un anhelo largamente acariciado por un grupo de intelectuales que veía en el idioma un pilar esencial de la identidad nacional. La institución había sido aprobada en Madrid el 19 de mayo de aquel mismo año, pero fue en la capital cubana donde echó a andar de manera efectiva, según recoge la historia oficial de la corporación.

El contexto en el que nació la Academia explica buena parte de su razón de ser. Cuba transitaba por una República mediatizada, con una presencia estadounidense que permeaba no solo la economía y la política, sino también el lenguaje cotidiano. La prensa de la época exhibía una invasión de extranjerismos que preocupaba a los sectores más lúcidos de la intelectualidad. En ese clima, la fundación de una academia nacional no era un gesto de erudición aislada, sino una trinchera cultural. El objetivo declarado consistía en velar por el desarrollo y la preservación de la lengua de Cervantes en el mayor archipiélago de las Antillas.

La gestión fundacional tuvo un protagonista diplomático. El escritor cubano Manuel Serafín Pichardo, quien ocupaba un puesto en la Legación de Cuba en Madrid, realizó las gestiones pertinentes ante la Real Academia Española para obtener la aprobación de una academia correspondiente en la isla. La respuesta afirmativa llegó el 19 de mayo de 1926. Cuba se convertía así en la decimotercera academia correspondiente de la española, un reconocimiento a la vitalidad cultural del país y a la densidad de su tradición literaria.

Sin embargo, la fecha que la institución conmemora con mayor énfasis es la del 2 de octubre. Ese día, dieciocho miembros fundadores se reunieron en la sede de la Academia de la Historia, en La Habana Vieja. El Diario de la Marina, en su edición del 4 de octubre de 1926, dejó constancia del acontecimiento: “El pasado sábado 2 del corriente quedó constituida esta Academia, habiendo asistido todos sus miembros, excepto los señores Mariano Aramburo, José M. Carbonell, Carlos M. Trelles y Fernando Figueredo, que excusaron su asistencia por diversas causas”. La crónica añade que el director de la Academia, el filósofo y escritor Enrique José Varona: “(…) pronunció breves palabras sobre la importancia que para Cuba significaba la creación de esta Academia y solicitó la cooperación de todos para llenar los fines para los cuales había sido creada”.

La reunión constitutiva no se limitó a los discursos. Los fundadores tomaron decisiones organizativas de calado. Eligieron a Varona como primer director, cargo que ocuparía hasta 1933. Designaron a Fernando Ortiz como vicedirector y a Antonio L. Valverde como secretario. Además, aprobaron la creación de una comisión encargada de redactar los estatutos y el reglamento de la nueva corporación, integrada por Fernando Ortiz, Antonio Sánchez de Bustamante y Francisco de Paula Coronado. El reglamento estuvo listo en 1927, y con él la Academia comenzó a operar de manera regular.

A lo largo de su historia, la Academia ha contado con personalidades que trascienden el ámbito estrictamente lingüístico. En 1957, la poetisa Dulce María Loynaz se convirtió en la primera mujer elegida académica de número. Años más tarde sería también la primera directora de la institución, un mérito que solo comparte con Nancy Morejón. Por sus plazas han pasado escritores, críticos, lingüistas y profesores que han contribuido a lo que la propia corporación define como su misión: la difusión, el cultivo y el perfeccionamiento de la lengua española, particularmente en su variedad cubana. El lema de la institución, “Letra y espíritu”, fue aprobado en 2004 y aparece grabado sobre la medalla académica. Su autor fue el periodista y doctor en Filosofía y Letras, Delio Juan Carreras.

La institución ha atravesado por etapas de diversa visibilidad pública. Durante décadas, su labor se desarrolló con discreción, a veces con una notoria ausencia en los medios de comunicación. Sin embargo, su función consultiva se ha mantenido vigente. La institución ofrece un servicio de consultoría sobre dudas lingüísticas y publica un boletín desde 1952, donde se recopilan las publicaciones de los académicos, los discursos de ingreso y las noticias sobre las actividades realizadas.

La efeméride del 2 de octubre de 1926 adquiere, con la distancia del tiempo, una dimensión que sus protagonistas quizá no alcanzaron a vislumbrar por completo. Aquellos dieciocho hombres —y solo hombres, en aquel entonces— que se reunieron en la Academia de la Historia no solo fundaron una corporación lingüística. Establecieron un espacio de resistencia cultural frente a las presiones externas y un instrumento para pensar la lengua desde Cuba y para Cuba. Un siglo después, la Academia Cubana de la Lengua sigue cumpliendo esa misión, ahora con una sede propia, con mujeres en sus plazas y en su dirección, y con el desafío de acompañar la evolución del español en un mundo donde las fronteras del idioma se expanden y se diversifican. El 2 de octubre no es solo una fecha en el calendario institucional: es el recordatorio de que la lengua se defiende desde las instituciones y la memoria, convencidos de que las palabras también construyen nación.

Lázaro Hernández Rey