Los estudiantes siempre como un baluarte de la Revolución

Los estudiantes siempre como un baluarte de la Revolución

El papel del estudiantado cubano ha sido esencial dentro del proceso revolucionario, sobre todo en la manera de organizarse y enfrentarse a los regímenes de turno ‒desde la década de 1920 hasta el triunfo del Primero de Enero de 1959‒ y dotarse de un profundo programa revolucionario y antiimperialista.

Poca referencia se hace en ocasiones, dentro del sector más radical de los estudiantes, a la creación hace 95 años del Ala Izquierda Estudiantil, el 3 de enero de 1931, como un desprendimiento del Directorio Estudiantil Universitario (DEU)(1930).

Ante el espíritu rebelde de los jóvenes, el gobierno de Gerardo Machado, en clara medida política, había aplazado el inicio del curso académico para después de las elecciones parciales de noviembre de 1930 e intensificaba la vigilancia hacia ellos.

Estos, a su vez, hacían más frecuentes sus encuentros clandestinos y se preparaban para la confrontación. Raúl Roa García, quien se destacaba en el DEU, redactó un manifiesto dirigido al pueblo de Cuba en el que se limitaba solo a tratar la estructura colonial de la República, debido a que a la mayoría de los estudiantes universitarios en esos momentos era imposible hablarles de imperialismo, vasallaje y otros términos que no comprendían.

En las calles enarbolaban sus gritos de combate: “¡Abajo Machado! ¡Abajo la tiranía!”. El día 3 de enero siguiente, en una reunión convocada por el Directorio en casa de un periodista, la policía del régimen arresta a los estudiantes, los lleva presos para el Castillo del Príncipe y, más tarde, para la Isla de Pinos.

Aquel encuentro marcó la fecha en que de cierta manera quedó desmembrado el DEU, ya que salieron de este algunos jóvenes que tenían una posición ideológica diferente a los que lo integraban y se unen al Ala Izquierda Estudiantil (AIE). Ellos propugnaban un viraje raigal en la estructura de la nación y no un simple cambio de presidente, y  su fuerza fundamental la identificaban en el movimiento obrero, además de ser partidarios de la movilización de las masas. Su visión, a no dudarlo, era más honda y madura.

A partir de ahí, los estudiantes tomarían partido en dos bandos contrarios: el reformista (DEU) y el radical (AIE), pero en ambas militaron valiosos jóvenes que estaban dispuestos a ofrendar su vida antes que perder la dignidad y que luchan con valor y firmes principios por Cuba.

Roa, desde su posición marxista leninista, salió del Directorio Estudiantil Universitario e integró entonces el AIE desde su creación, donde adquirió más conciencia de lucha por la soberanía de Cuba y en contra del imperialismo.

El Manifiesto-Programa del Ala Izquierda Estudiantil definió la postura política de la vanguardia estudiantil y aclaraba su índole: «No es un partido político. Es un organismo estudiantil, puramente antimperialista, que en la lucha contra el dominio sangriento de los sindicatos bancarios y la opresión colonial, acepta la hegemonía del proletariado y la línea política ‒la única entrañablemente revolucionaria‒ de su partido de clases».

Poco más de tres meses después nacía Línea, el órgano oficial del Ala Izquierda Estudiantil, que en su primera edición dejaría claro que sería un órgano de combate contra el imperialismo y escuela para luchadores bisoños. Línea bebió del legado de importantes órganos que le antecedieron, como Juventud, Alma Mater, América Libre y Cuba Libre.

Ana Rosa Perdomo Sangermés