Fe del Valle: símbolo de valentía y heroísmo
Sesenta y cinco años han transcurrido del incendio que destruyó la tienda El Encanto, en la capital cubana, perpetrado por elementos contrarrevolucionarios al servicio de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos y donde perdiera la vida, abrazada por las llamas, la ejemplar trabajadora Fe del Valle Ramos.
El sabotaje de aquel día fue un eslabón de la cadena de agresiones y atentados dirigidos por el imperialismo yanqui, que precedió a la invasión mercenaria por Playa Girón y que a su vez tuvo como antesala los bombardeos a los aeropuertos de La Habana, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba.

El 13 de abril de 1961, alrededor de las siete de la noche, comenzó el fuego que dejó en escombros ese recinto comercial con 65 departamentos de ventas, en los que laboraban más de mil trabajadores, y era uno de los más lujosos del país. Lo visitaban diariamente miles de personas, incluidos turistas.
Fe, una mujer de solo 43 años de edad, tenía dos niños varones. Siempre se destacó por su disciplina y su sentido de pertenencia al colectivo de la tienda, era muy activa como miliciana y federada. Detectado el incendio, que se propagó rápidamente, ella comprendió que debía entrar al lugar y rescatar el dinero recaudado por la delegación de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en el centro comercial y que estaba destinado a contribuir a la construcción de círculos infantiles, donde se incluía la cercana apertura de una guardería infantil en el último piso del inmueble. Entró y ya no pudo salir por el alcance del fuego.

También como resultado de aquel sabotaje resultaron heridas otras 20 personas (16 hombres y 4 mujeres). Miembros del Ejército Rebelde y del Cuerpo de Bomberos, milicianos y pueblo en general lucharon tenazmente por evitar que el incendio se extendiera a los locales aledaños.
Aunque la acción terrorista fue dirigida desde Estados Unidos, su ejecutor y principal responsable fue el cubano Carlos González Vidal, quien aprovechó su condición de empleado del Departamento de Discos para trasladarse al Departamento de Sastrería -en el segundo piso- y colocar entre los rollos de tela dos petacas incendiarias de fabricación estadounidense. Fue capturado cuando intentaba salir ilegalmente rumbo a Estados Unidos. Los daños causados a aquel edificio de seis pisos ascendieron a 20 millones de dólares. La justicia revolucionaria se encargaría después de ajustarle severas cuentas por sus actos.
La muerte de Fe de Valle -conocida también como Lula entre familiares y amigos- causó una gran conmoción en toda Cuba y fue un duro golpe para sus compañeros de labor, que tanto la querían y respetaban. En su homenaje, el céntrico parque ubicado en las habaneras calles Galiano y San Rafael lleva su nombre y nos recuerda su fecunda vida, pero sobre todo la agresividad del imperio estadounidense.
¡Cuba no olvida!

