Melba en el recuerdo más entrañable
Llega el 28 de Julio y a los cubanos le afloran a la mente los valores de una mujer excepcional, en ocasión de conmemorarse el aniversario 105 de su natalicio, y de cuya sencillez y humildad durante toda su vida habrá que hablar permanentemente: Melba Hernández Rodríguez del Rey (1921-2014).
Numerosas fueron las emociones vividas por ella en cada fecha de su cumpleaños, rodeada de niños, adolescentes y jóvenes, quienes con mucho amor y cariño, sorpresas e iniciativas la “asaltaban” en su hogar, para compartir la alegría de otro año de vida. Y precisamente en ellos depositó toda su confianza en el futuro de la Revolución y la manera de hacerla avanzar.

Sobre esas experiencias había reconocido que ese día recibía visitas, sobre todo de pioneros, quienes le daban mucho amor, además de que cada época era singular y los jóvenes de estos tiempos son excepcionales. Y les repartía ternura, consejos, cariños, porque ella hacía que esos sentimientos siempre la acompañaran para regalarlos a quienes, por un motivo u otro, se le acercaban.
Así la recordamos, sonriente, sencilla, sincera, dulce, tierna y de sentimientos muy profundos, fiel a la causa que contribuyó valientemente a liberar desde la clandestinidad y con las armas en la mano; simplemente así como la conocimos: Melba, la Heroína del Moncada y de la Patria, una mujer toda razón.
Mucho nos queda todavía por ahondar en su vida y en su obra humana, también de solidaridad con otros pueblos, en buscar los hilos que hicieron posible su cercanía y el enorme respeto por Fidel, la joven que no dudó en sumarse al Movimiento 26 de Julio desde que lo conoció en el capitalino apartamento donde vivían los hermanos Haydée y Abel Santamaría. Desde allí, su compromiso con la causa revolucionaria fue inmediato.

Su pasión por Cuba, su Revolución y Fidel fue ilimitada, así como su confianza en la victoria. “Fidel me impresionó desde que lo conocí”, había declarado a la prensa. Sufrió de la prisión y del exilio en México y desde allí despidió a los expedicionarios que viajarían en el yate Granma. Más tarde en 1958 llegaría al Tercer Frente Oriental Mario Muñoz en la Sierra Maestra, dirigido por Juan Almeida Bosque, para empuñar el fusil y asumir las misiones correspondientes, que fueron muchas y variadas.
Melba amó a sus compañeros de lucha y los consideró siempre hermanos queridísimos, ya que había compartido con ellos las duras pruebas de la clandestinidad, el asalto al cuartel Moncada, el exilio y la guerra definitiva por la liberación de su amada Cuba.
Su confianza en el futuro de la Revolución la depositó en las nuevas generaciones frente a cualquier peligro, porque sabrían cómo defender la Patria. Insistía en la necesidad de conocer la historia, pues así muchos podían entender los sacrificios que otros hicieron para lograr que Cuba fuera libre y no un apéndice de Estados Unidos.
Melba, esa mujer cubanísima, inspira respeto solo con mencionar su nombre, porque Cuba la sabe grande, inmensa, luminosa en el presente y en el futuro, viva, imprescindible, ejemplo para todos… Este 28 de julio, aunque ya no esté presente como tantas veces, los cubanos desde lo más profundo de sus corazones recordarán con gratitud y alegría su fecunda vida.

