A 125 años del cínico plan de Estados Unidos para apoderarse de Cuba
Quien dude que en los propios orígenes de las relaciones cubano-norteamericanas se encuentran las premisas de la coerción económica que ha tenido que sufrir nuestro pueblo, puede remitirse a la historia de la Enmienda Platt, impuesta el 12 de junio de 1901, y cuya forzosa aprobación estuvo precedida de una crisis relacionada con el comercio bilateral, específicamente con los aranceles.
Medidas como la Ley McKinley ya habían precipitado la caída del precio del azúcar, mientras que ese renglón era asfixiado por las altas cuotas que tenía que pagarse por el producto cuando entraba a territorio estadounidense.
Hace 125 años, no obstante las múltiples y fundamentadas solicitudes para llegar a un Tratado de Reciprocidad Comercial, fueron desoídas importantes figuras cubanas como Manuel Sanguily, Salvador Cisneros Betancourt y Juan Gualberto Gómez, entre otros bravos hombres.
Así expresaba el mensaje dirigido al Congreso de Estados Unidos seis meses antes, como preparando el terreno para la aprobación de la Enmienda Platt:»Esta nación ha asumido ante el mundo una grave responsabilidad por el futuro buen gobierno de Cuba… que debe, necesita estar atada a nosotros por lazos de singular intimidad y fuerza si su bienestar permanente va a ser asegurado».
La crisis arancelaria provocó en las clases sociales la exigencia a los constituyentes de llegar a un acuerdo, mientras que la contraparte norteamericana planteaba la proporcionalidad directa entre la Enmienda Platt y el Tratado de Reciprocidad
Comercial.
Estaba puesta la trampa a los pies de Cuba. La Enmienda Platt, ni soberana ni colonia, se presentaba como taimada rendición. Cuba era vista como una llave de expansión. Para el Gobierno de Estados Unidos no era otra cosa que una «sugerencia» de anexión. La paternidad del apéndice constitucional fue atribuída al senador Orville Platt, que cerró la polémica. Esa disposición legal, votada en 1901 por el Congreso de los Estados Unidos, fue agregada a la Constitución de Cuba durante el gobierno de Tomás Estrada Palma.

Los ocho artículos de la Enmienda dañaban la soberanía cubana, pero los más rechazados fueron el Artículo 7, que establecía la obligatoriedad del gobierno cubano de vender o arrendar terrenos a Estados Unidos para bases navales o carboneras, de ahí la imposición de la base naval norteamericana en Guantánamo, que todavía hoy mantienen en contra de la voluntad del pueblo cubano. En su artículo tercero definía cómo y cuándo Estados Unidos podía intervenir en suelo cubano; así como la omisión, en otro de los artículos, de la Isla de Pinos como parte del archipiélago cubano.
Como señalara el Comandante en Jefe Fidel Castro, en su Reflexión El Imperio y la Isla Independiente del 11 de marzo de 2014: “Esta manzana que caería por gravedad …finalmente cayó, pero estaba podrida… como previeron muchos pensadores cubanos durante casi medio siglo, desde José Martí en la década de 1880… Lo peor de la Enmienda fue la hipocresía, el engaño, el maquiavelismo y el cinismo con que elaboraron el plan para apoderarse de Cuba…”
Disponer de Cuba como un apéndice neocolonial estadounidense ha sido la pretensión de Estados Unidos desde el siglo XIX. Su intervención en la guerra hispano-cubana les arrebató la victoria a los mambises e impuso la ominosa Enmienda Platt con la que se inauguró una república neocolonial que duró más de medio siglo.
Sin lugar a dudas, ese dictamen constitucional apuntaba al desmontaje de la identidad nacional y cultural del país, al tratar de insertarlo en el sistema norteamericano, a la vez que daba paso a la república formalmente independiente, pero atada a una nueva forma de dominación colonial.

