Coleccionar se puede casi cualquier cosa. Los objetos coleccionables más conocidos son los sellos postales, las monedas, las obras de arte y las antigüedades, así como los libros, mapas, manuscritos.
Autor: Gilberto González García
Con su paso largo y bien sincronizado, el 25 de julio de 1976, Alberto Juantorena dejó atrás a sus rivales en la pista de Montreal en las lides de 800 y 400 metro planos.
No fue combatiente en la manigua, ni enfermera improvisada en la retaguardia mambisa; su campo de batalla fue el de la conspiración civil, el periodismo clandestino y la inteligencia política.
La muerte pudo con su cuerpo, pero no con su obra, que perdura para siempre.
Nacido el 17 de julio de 1810 como Johannes Christoph Gundlach, en Marburgo, Alemania, su vocación científica se forjó en el seno de una familia de tradición académica.
El 13 de julio de 1895, cuando el sol comenzaba a iluminar las sabanas cercanas a Bayamo, en el lugar conocido como Peralejo, se gestaba uno de los enfrentamientos más trascendentales de la Guerra de Independencia cubana.
Nacido en Santa Fe, La Habana, el 3 de julio de 1915, fue desde la cuna un hijo de la tempestad. Descendiente de una maestra y un torcedor de tabaco, bebió en la fuente del ejemplo el amor por una patria libre y justa.
Su nombre queda inscrito en la historia no solo como un combatiente más, sino como el redactor principal de uno de los periódicos más emblemáticos de la gesta mambisa: El Cubano Libre.

