Carlos Manuel de Céspedes, el hijo más audaz de la Patria naciente

Carlos Manuel de Céspedes, el hijo más audaz de la Patria naciente
Foto: Escambray

Con una mezcla indefinible de emoción y respeto, los cubanos siempre acudimos al encuentro de la vida y obra de Carlos Manuel de Céspedes (1819 – 1874), reconocido con todo merecimiento como el Padre de la Patria por uno de sus gestos más abnegados y conmovedores.

A Céspedes habrá que reconocerle siempre su inquebrantable firmeza, su fidelidad sin límites a la causa, ante los ofrecimientos de los españoles para que abandonara la lucha y al costo de la vida de su hijo Amado Oscar, quien con apenas 23 años, y siendo teniente del Ejército Libertador, también prefirió morir en manos enemigas que escribir una carta personal a su padre para que abandonara la lucha.

Entre tantos patriotas enteros, de estatura mayúscula, Céspedes se yergue como un gigante moral, en el que no hubo nunca cabida para la mentira, el cambio de rumbo ni la traición, en su convicción profunda de la necesidad de echar andar la nación cubana.

Cuando se analiza su vida nos convencemos de que no fue un hombre de impulsos, sino de claras y profundas convicciones, que estaba seguro y convencido de por qué luchaba. Durante 15 años fue el más perseguido, y sufrió destierros y prisiones como ningún otro.

Nuestro Héroe Nacional José Martí sentía por Carlos Manuel de Céspedes una admiración extraordinaria y valoraba así su grandeza moral y espiritual: “Es preciso haberse echado alguna vez un pueblo a los hombros para saber cuál fue la fortaleza de quien, sin más armas que un bastón de carey con puño de oro, decidió cara a cara de una nación implacable, quitarle para la libertad su posesión más infeliz, como quien quita a un tigre sus últimos cachorros”.

Es también el hombre de pensamiento, quien le aportó desde su mismo nacimiento un carácter de Revolución social al movimiento independentista.

Grande se mostró Céspedes al lanzarse a conquistar la libertad de Cuba sin esperar todas las condiciones, las cuales se conseguirían al andar. Adelantó su paso urgente sin asomos de ansias por el poder o de protagonismo.

Su poderosa personalidad la situó siempre al servicio de la nación. Había que erguirse ayer, como hoy también se precisa en otras circunstancias, cuando conmemoramos el aniversario 152 de su muerte en San Lorenzo, en nombre de los de antes y los de ahora, movilizando su pensamiento radical, su independentismo y su antianexionismo.

Ana Rosa Perdomo Sangermés