Constitución Socialista, victoria del pueblo cubano y su Revolución
Cinco décadas nos separan de aquel 24 de febrero de 1976, en que como homenaje a nuestro Héroe Nacional José Martí, Cuba y su pueblo abrazaron ante el mundo la Primera Ley de la República, norma suprema de esta sociedad y base de un desenvolvimiento superior de la Legalidad Socialista.
De este modo, se lograba por primera vez un profundo anhelo martiano: «Yo quiero que la Primera Ley de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre», confirmada en la Constitución aprobada ese día.
Apenas un año antes, el Comandante en Jefe Fidel Castro, en su vigoroso Informe central al Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, había destacado la importancia de que en el proceso de perfeccionamiento institucional de nuestro Estado Socialista tenía la Constitución, la trascendencia de los derechos que consagraba, la obligación en la que estábamos todos de cumplir y aplicar los preceptos que se correspondan con la realidad de las transformaciones producidas por la Revolución, consolidaba jurídicamente sus logros, sirviendo a su desarrollo y al beneficio del pueblo.
Los cubanos han sido legisladores de sus propias normas jurídicas. Mediante, el Referendo, con su voto libre, directo y secreto, aprobaron la Constitución Socialista, ejerciendo su derecho democrático.
Dando muestras de un verdadero entusiasmo revolucionario, más de seis millones de cubanos se volcaron hacia una participación activa y consciente en todo el país, y ello fue posible porque esa libre expresión de la voluntad individual está sustentada en la fuerza de una sociedad que ha devuelto al hombre su identidad humana y ha convertido en comunes los intereses, ideas y sentimientos.
Y en aquella memorable jornada de votación por la Constitución, se sintió la profunda satisfacción de estar ejerciendo un derecho colectivo, de estar cumpliendo con un deber primordial ante la sociedad.
Allí, desde bien temprano, se unieron jóvenes y ancianos, obreros y soldados, estudiantes y campesinos, para escribir una nueva página en la historia revolucionaria.
La extraordinaria victoria que representó la aprobación de la Constitución Socialista, con el 97,7% de los votos a favor, fue una radiante materialización del compromiso asumido por aquel grupo de jóvenes, a quienes tocó liberar, bajo la guía certera y luminosa de Fidel, la última etapa de la lucha que selló el triunfo de la Revolución.
Aquel fue, sin dudas, uno de esos días que quedan grabados en el corazón por su belleza y trascendencia.

