¡Gracias Fidel, por educarnos en una cultura de resistencia!
Cuando se escriba la historia de la resistencia de los cubanos al bloqueo más prolongado y cruel de la historia de la humanidad, habrá que destacar siempre el esfuerzo de todo un pueblo por sobreponerse a los obstáculos, su disposición de marchar codo a codo, ahora y después, para hacer avanzar, como calificara el joven Camilo Cienfuegos en su último discurso con solo 27 años, esta Revolución Cubanísima.
Eso se lo debemos a nuestro Fidel Castro, el máximo líder invicto ante tantas batallas, de quien ni sus enemigos pudieron nunca descifrar la esencia de su pensamiento y sus acciones. Desde muy joven tuvo la capacidad de sortear cada obstáculo que le anteponían sus adversarios.
Bajo su guía permanente, la cultura se convirtió en un arma de todo el pueblo y favoreció la emancipación y autodeterminación nacional, desde el momento del triunfo revolucionario. Años después, una premisa inquebrantable de su ideario se abría paso: «Lo primero que hay que salvar es la cultura», tras incesantes y colosales amenazas que hubo que enfrentar, ante todo con su ejemplo.
Y aquel líder inmenso que logró cristalizar la cultura y la identidad de los cubanos, lo hizo en medio de otras grandes hostilidades como atentados dinamiteros, estallido de bombas, incendios, descarrilamientos de trenes, mientras que en el Escambray decenas de pandillas armadas acometían acciones subversivas y asesinatos.
El imperialismo yanqui, a pesar de sus fracasos, continuó -y aún insiste- en su política de hostigamiento hacia Cuba. Pero en medio del enfrentamiento a adversidades y limitaciones de recursos, el pueblo se convirtió en una potencia cultural reconocida en todo el mundo, a partir del propósito de la Revolución de desarrollar el arte y la cultura como verdadero patrimonio del pueblo.
Tras el denominado Período Especial, en el año 2000, el Comandante en Jefe lanzó una gran contienda en favor de la cultura: la Batalla de Ideas, de gran alcance y beneficio para los cubanos por sus variadas ofertas de inserción social y continuidad de estudios y proyectos.
A Fidel, artífice de nuestro proyecto social, habrá que agradecer siempre la creación de diversidad de escuelas, el habernos enseñado a enfrentar todos los peligros y obtener la victoria junto al pueblo, llamarnos a preservar la herencia histórica y cultural, a ser consecuentes con los principios, aplicar la ciencia al servicio de la humanidad, erigirnos como artífices de la solidaridad, defender la participación de la mujer cubana en los más variados espacios sociales y luchar con firmeza en defensa de la Revolución.
Su vínculo permanente e indisoluble con el pueblo, su optimismo y confianza para sobreponerse a las más disímiles condiciones, y su magisterio constante, han dejado una huella imborrable en el pueblo. Razones esenciales por las que hoy los cubanos lo felicitan desde lo más profundo de sus corazones, ante la vida y obra inmensa que nos legó y a la que juramos eterna fidelidad.

