Guardianes del asombro: El museo como refugio del tiempo

Guardianes del asombro: El museo como refugio del tiempo
Palacio de los Capitanes Generales. Foto: Granma

Hay una luz distinta dentro de un museo. No es la bombilla eléctrica común, sino una claridad filtrada por los siglos, esa que se posa sobre una bayoneta desgastada por la Guerra de los Diez Años o sobre los encajes de un vestido de la Colonia. Cuando se cruza el umbral del Palacio de los Capitanes Generales, en La Habana Vieja, o se desciende a las frescas galerías del Castillo de la Real Fuerza, el visitante siente un cambio en la presión del aire. Es la presión de la historia. Cada 18 de mayo, con motivo del Día Internacional de los Museos, esa atmósfera se vuelve electrizante en toda la geografía de la isla, recordándonos que estas instituciones no son depósitos del pasado, sino laboratorios de futuro.

Fue en 1977, cuando la Asamblea General del Consejo Internacional de Museos (ICOM) instauró esta fecha para concienciar al mundo sobre el papel crucial de los espacios museísticos en el desarrollo de la sociedad. La consigna de este año, como cada temporada, invita a una reflexión profunda sobre la educación y la investigación. Sin embargo, en el contexto cubano, la celebración adquiere un matiz particular. Los museos en la isla han sido, desde la Campaña de Alfabetización hasta la contemporaneidad, una extensión de la escuela pública, pero también un diario íntimo de una nación que se empeña en dialogar con sus orígenes.

Para el habitante de La Habana, los museos no son solo el renovado Museo Nacional de Bellas Artes, que resguarda la mayor colección de pintura cubana del siglo XIX y las vanguardias. Son también la casa de vecindad convertida en vitrina en el Museo de la Ciudad, o la nave industrial del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam. Durante la semana de la celebración, las propuestas escapan al clásico recorrido silencioso. El patrimonio sale a la calle. En Santiago de Cuba, la tradición se impone con el Carnaval, pero el Museo Emilio Bacardí Moreau, uno de los primeros del país, abre sus puertas hasta la noche, ofreciendo conciertos de trova en sus patios coloniales, mezclando el polvo de las ánforas aborígenes con el sudor del danzón.

Museo Bacardí. Foto: Granma

¿Qué busca la gente cuando se detiene frente a una vitrina? La directora del Museo Nacional de Historia Natural de Cuba explicó en una entrevista previa a la pandemia que el museo es un antídoto contra la fugacidad digital. En un mundo donde una imagen se consume y se desecha en segundos, la contemplación de una pieza arqueológica de la cultura taína obliga a la lentitud. En la Isla de la Juventud, el Museo de Cayo Largo exhibe tesoros del fondo marino, y durante el Día Internacional, organizan talleres para niños sobre cartografía antigua. No se trata solo de mirar, sino de tocar -con el permiso del guía- las réplicas de sello, de entender que esa punta de lanza fue empuñada por una mano de carne y hueso que sudó bajo el mismo sol caribeño.

Sin embargo, el desafío logístico es un tema recurrente entre los especialistas. No es un secreto que la conservación enfrenta retos por las condiciones climáticas -el calor y el salitre son depredadores silenciosos- y por el desgaste de infraestructuras antiguas. Aun así, la creatividad del sector ha servido de puente. En los últimos años, las propuestas de los museos en Cuba para esta fecha han incluido visitas virtuales por sitios web de la Oficina del Historiador y recorridos dramatizados por el Centro Histórico, donde actores representan a personajes del siglo XIX mientras narran la historia detrás de los muebles de la época. La tecnología, con cuentagotas, se ha vuelto una aliada para conectar con los jóvenes, una generación que suele percibir los museos como templos ajenos.


La importancia de esta celebración radica en que rescata del olvido a esos guardianes del asombro.  El Día Internacional permite que estudiantes de arte usen esos claustros como estudio abierto, demostrando que el museo no es una tumba para lo viejo, sino la matriz para lo nuevo. Es una idea que se repite en cada provincia: desde la Casa Natal de José Martí, en La Habana, hasta el Memorial de la Denuncia en la oriental provincia de Guantánamo. Cada pieza es una chispa que enciende la conversación sobre la identidad.

De modo que, al cruzar esas puertas de madera noble o de hormigón desnudo, el visitante sale transformado. No se vuelve a casa con un simple recuerdo, sino con la memoria colectiva puesta al día. Los museos en Cuba no son islas dentro de la isla, sino faros que, a pesar de la intemperie, mantienen encendida la luz sobre lo que fuimos y lo que insistimos en ser. En este 18 de mayo, la invitación es a detenerse, a mirar sin prisa porque al final, quien cuida el ayer, fabrica mejor el mañana.

Lázaro Hernández Rey