Henry Reeve: modelo de valor, desinterés y espíritu de lucha
Los cubanos tenemos un alto concepto, respeto y eterna admiración por el joven neoyorquino Henry Mike Reeve Carroll (1850- 1876), uno de los forjadores de nuestra independencia del colonialismo español y destacadísimo combatiente de la Guerra de los Diez Años, iniciada en 1868.
Desde su desembarco en Cuba con apenas 19 años de edad, a las órdenes del también estadounidense Tomás Jordán, en la expedición del vapor Perrit en mayo de 1869, Henry Reeve demostró su valentía en más de 400 acciones combativas en el Ejército Libertador y su sacrificio recorriendo a caballo, ya discapacitado, más de 500 kilómetros desde Camagüey (en 1874) hasta su caída en combate el 4 de agosto de 1876, en Yaguaramas, territorio de Cienfuegos.
Durante siete años peleó junto a los mambises cubanos y la caballería fue su arma principal durante las grandes batallas en Camagüey, entre las que se destaca el rescate del Brigadier Julio Sanguily, donde ocupó un puesto en la vanguardia. En diez combates recibió heridas, algunas de gravedad y con peligro para su vida.
También combatió bajo las órdenes del Generalísimo Máximo Gómez y del Mayor General Ignacio Agramonte. Resulta impresionante el ascenso en grados, por sus muy distinguidas acciones combativas, la destreza como combatiente y la astucia e inteligencia como oficial al mando de tropas. Transitó desde sargento de segunda hasta General de Brigada.
Con su cortísima vida de solo 26 años, demostró una estructura de pensamiento y acción, de audacia, iniciativa, tenacidad y heroísmo, que señalan un reto consciente y permanente al peligro, en aras de la causa cubana que abrazó.
Muchos quizás se preguntan: ¿cómo este muchacho estadounidense, tan joven, se enroló en esta gesta libertaria sin haber nacido en Cuba? Ante todo, hay que conocer que Henry Reeve, El Inglesito como algunos le llamaban, estuvo en contacto con la propaganda de los revolucionarios cubanos emigrados en su tierra y atraído por las ideas que difundían, en línea con sus propios sentimientos antiesclavistas y liberales, decidió apoyarlas de manera solidaria, mediante la incorporación a las fuerzas insurgentes que en Cuba peleaban a brazo partido para independizarla del colonialismo español. De tal modo, abandonó secretamente su hogar y se involucró en aquella expedición.
Hasta su último suspiro, ocurrido hace 150 años, dio muestras de su valentía y sentido del honor. Un magnífico ejemplo de internacionalismo y solidaridad. No por casualidad fue nombrado Patriota Insigne del municipio de Jimaguayú, en Camagüey, y la Brigada Médica Cubana, creada para la ayuda internacional en situaciones de desastres y que ha salvado tantas vidas en el mundo, lleva con honor su nombre.

