José Maceo, toda acción, todo coraje

José Maceo, toda acción, todo coraje
José Maceo. Foto tomada de Cubahora

Mucho y constante tenemos todavía que estudiar y aprender los cubanos sobre la vida del General José, nacido hace 177 años en la zona oriental del país, cuatro años después que su hermano Antonio.

El intrépido jefe mambí fue el único de la estirpe de los Maceo Grajales que combatió en las tres contiendas bélicas por la independencia de Cuba del colonialismo español, y combatió en 28 de los 30 años que duró la gesta, buena parte de su juventud y de su vida.

Para el Generalísimo Máximo Gómez, la cercanía a la vida del León de Oriente -como también se le conocía- le había proporcionado grandes descubrimientos sobre su personalidad, ya que pudo advertir que no tenía miedo a las responsabilidades ni jamás se asustaba con los procedimientos, cuando tenía conciencia de que así debía procederse. En caso contrario, lo decía con franqueza, rechazando toda imposición.

Por eso consideraba que era “de un carácter insugestionable. No pedía nada, y mucho menos cabía la queja en su grandeza y abnegación, pero no permitía tampoco que se le cohibieran sus derechos y sus facultades… Pocos cubanos he conocido más libre, más trabajador y más valiente; y más resuelto, ninguno”.

Muy certero se le veía en el manejo del machete con la zurda y el revólver a la diestra. Aun en medio de complejas circunstancias, su jovialidad no pasaba inadvertida. Muchas otras cualidades tenía el joven José: presumido, desinteresado, sincero, noble, de disciplina férrea, de altos principios éticos y morales.

Tenía gran sensibilidad musical, alto sentido de la amistad, y tartamudeaba cuando mostraba incomodidad. Se preocupaba intensamente por la unidad dentro de las filas insurrectas, tenía amor y respeto por la familia, y en especial por Mariana, su madre.

Después de figurar junto a su hermano Antonio entre los que protestaron en Mangos de Baraguá por el ominoso Pacto del Zanjón, no salió de Cuba; trabajó activamente junto a Guillermón Moncada, Quintín Banderas y Bartolomé Masó en la zona oriental del país para crear las condiciones propicias del nuevo estallido insurreccional.

Conoció de la prisión y el exilio después de terminada la Guerra Chiquita y en ese deambular forzoso estuvo por Argelia, Nueva York, Kingston, Panamá y Costa Rica, hasta que regresó a su patria amada con el desembarco por Duaba.

Según algunos estudiosos de nuestra historia, camino al combate José siempre iba treinta pasos delante de su estado Mayor. Fermín Valdés Domínguez, el médico de su campamento, reconocía en él: “peleó siempre al frente de todos y siempre enseñó con su heroísmo cuál era el camino de la gloria”.

De su ejemplo y valentía habrá que aprender cada día y seguir sus pasos ante cada combate de estos tiempos.

Ana Rosa Perdomo Sangermés