La explosión del Maine, una lección que los cubanos no debemos olvidar
Con la explosión de su gran buque de guerra -el crucero acorazado Maine- que estaba fondeado en la Bahía de La Habana, el gobierno de los Estados Unidos puso en práctica el 15 de febrero de 1898, de manera deliberada, una nueva variante de autoagresión que utilizó como arma de guerra.
Durante décadas han sido investigadas por expertos las causas de aquel siniestro, que privó de la vida a 266 infantes de marina, mediante pruebas mediáticas y evidencias, que han sacado a la luz el verdadero motivo de que fue por causa interna en el buque, y no otros motivos con los que se acusaban a España y Cuba.
Con su política agresiva, alimentada con creces desde entonces y por más de un siglo, la Administración norteamericana acusó directamente a España de lo sucedido y ordenó el bloqueo a los puertos cubanos y un intenso cañoneo sobre los mismos, como preparación artillera para su desembarco en el oriente del país, donde el ejército español estaba en franca desventaja y desplazado con temor hacia las ciudades.
Más de 15 mil efectivos de la armada estadounidense pisaron tierra cubana por un lugar nombrado Daiquirí, en Santiago de Cuba. Bajo la cobertura efectiva de las fuerzas cubanas, con su valentía y dominio del terreno, se evitó que esas huestes perdieran una sola vida en una operación tan peligrosa.
La guerra solo duró unos meses y los Estados Unidos accedieron a potencia de primer nivel, agenciándose de paso también territorios en el Pacífico y América, como Puerto Rico, Guam y Filipinas.
En aquellas fuerzas de la agresión, figuraba quien años después sería presidente de los Estados Unidos: Teddy Roosevelt; el secretario de Estado Cordel Hull, el actor Tom Mix, e infinidad de hombres de negocios exitosos y legisladores.
Quedaban atrás cruentos años de lucha impuestos por la metrópoli española que habían costado la vida de cientos de miles de cubanos en la manigua, luchando por independizarse de la Metrópoli. A esas alturas, ya los gobernantes norteamericanos habían tratado de apoderarse de Cuba por diferentes vías, incluida la proposición a España de su compra, pero ante la negativa de esta, decidió esperar a que el colonialismo no pudiera sostener el conflicto con los cubanos, ni económica ni militarmente, para entonces intervenir. A eso ellos le denominaron Política de la Fruta Madura.
Ayer como hoy, las acciones provocadoras que se gestan desde el gobierno de los Estados Unidos persiguen el mismo objetivo: construir una imagen de ingobernabilidad y caos que justifiquen su intervención militar o con fines «humanitarios» en Cuba, bajo cualquier pretexto. Hoy, en otras circunstancias históricas, pero con un pueblo cubano organizado y decidido, esas lecciones de hace 128 años, y las sucesivas, no deben olvidarse jamás.

