La valiosa sonrisa de los niños da vida a cada círculo infantil
A la grandeza de la obra común erigida por el Comandante en Jefe Fidel Castro, junto al pueblo cubano, no escapó la necesidad de acompañar a las mujeres en la incorporación a las tareas de la naciente Revolución, en especial en el cuidado de sus hijos más pequeños, hace 65 años.
Surgieron así, por idea de Fidel, y como una de las primeras acciones lideradas por Vilma Espín Guillois desde la presidencia de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), los círculos infantiles, que volvieron las miradas hacia la importancia de la educación en el primer lustro de vida.
Todo ello comprendió, desde antes, la apertura de escuelas de oficios para campesinas, domésticas, y las que ejercían la prostitución antes del triunfo revolucionario, así como la unificación de voluntades institucionales para propiciarles el acceso al trabajo asalariado.
Precisamente de esa cantera salieron las alumnas de las Escuelas de Asistentes de Círculos Infantiles. Como señalara el máximo líder de la Revolución, «nadie merecía más el honor de cuidar a los hijos de las trabajadoras, que las propias mujeres que se habían pasado la vida cuidando los niños de las burguesas».
El 10 de abril de 1961, una semana antes de la invasión mercenaria por Playa Girón, quedaban inaugurados en La Habana los tres primeros círculos infantiles, que luego se extenderían a todo el país. Estos se nombraron: Camilo Cienfuegos, Ciro Frías y Fulgencio Oroz.
Indiscutiblemente ello, junto a otras acciones, confirmaba el profundo contenido de justicia social y mejoramiento humano que sintetizaba la esencia de la Revolución. Por eso también siempre se recuerdan a las fundadoras de los círculos infantiles, quienes legaron a sus sucesoras la firme voluntad de llevar adelante esa hermosa obra.
Habían grandes tareas por delante: organizar a las mujeres cubanas, prepararlas, ayudarlas en todos los órdenes, en el ámbito social y cultural. Debían estudiarse todos los problemas de las mujeres en Cuba, sobre todo los de aquellas trabajadoras que no tenían dónde dejar a sus hijos.
Y se hacía necesario elevar su espíritu creador, su entusiasmo, para desaparecer hasta el último vestigio de discriminación y hacerla ocupar el lugar que le corresponde en la sociedad.
Desde hace seis décadas y media, han sido cientos de miles las niñas y niños de edades tempranas que han pasado por los círculos infantiles y recibido toda la labor educativa que en ellos se brinda, por parte de educadoras bien preparadas y con amplia experiencia en su formación.

