Lo cubano en el arte
Lo cubano se enriquece constantemente. Es una condición identitaria que se alimenta del lenguaje, del gesto y de los valores simbólicos en el ser y el acontecer. Pensemos en esta condición que compartimos y disfrutamos.
El paisaje pictórico cubano, como la literatura, las músicas y todas las manifestaciones artísticas se nutren de ese acervo secular que nos identifica. Sobre todo por el modo de abordarlo que distingue a cada artista.
A propósito, recordamos la antológica exposición de paisajes de La Habana, en 1961, del inolvidable maestro René Portocarrero. Esta muestra dio inicio no solo a una nueva etapa de la evolución del género en la pintura; sino a un quehacer personal de lo cubano.
Las ciudades de Portocarrero, que no son más que una, La Habana, aportan una particular visión de las artes visuales en esa época; pues, entonces, dominaba en ese universo, la pintura abstracta.
En este sentido se revela el particular interés del pintor por las variaciones pictóricas siempre cercanas a lo barroco. Y lo hizo al ver el espacio como color. Ese abigarramiento aparentemente sin orden hizo de su ciudad, La Habana, uno de los puntos de giro en la cultura visual en Cuba en los años 60 del pasado siglo XX.
Conocernos y reconocernos propicia comprender mejor la cultura cubana.
Pensémoslo.

