Luz y memoria: Cuba celebra a sus fotógrafos y camarógrafos

Luz y memoria: Cuba celebra a sus fotógrafos y camarógrafos

Cada 20 de febrero, el Día Internacional del Camarógrafo y el Fotógrafo nos invita a reconocer a quienes, desde detrás del lente, han capturado la historia y la vida cotidiana. En Cuba, esta fecha resuena con fuerza, pues el país ha dado al mundo artistas visuales cuya obra es testimonio y símbolo.

Algunos de ellos han tenido una relevancia tal que se han inscrito en los anales de la historia contemporánea. A continuación reseñamos a algunos de ellos.

Alberto Korda (1928–2001), nacido en La Habana, es quizás el fotógrafo cubano más universal. Su retrato del Che Guevara, conocido como el Guerrillero Heroico, se convirtió en una de las imágenes más reproducidas del siglo XX. Korda comenzó en la fotografía de moda, pero pronto se volcó al fotoperiodismo, acompañando a Fidel Castro y documentando la Revolución Cubana con una mirada estética y comprometida.

Raúl Corrales (1925–2006), también habanero, fue un cronista visual de la transformación social de Cuba. Su célebre fotografía La caballería, que muestra a campesinos montados en caballos durante una movilización, es considerada una obra maestra del fotoperiodismo. Corrales trabajó como fotógrafo oficial del Consejo de Estado y dejó un legado que combina fuerza documental con sensibilidad humana.

Roberto Salas (1935), hijo del fotógrafo Osvaldo Salas, se formó en Nueva York y regresó a Cuba tras el triunfo revolucionario. Sus imágenes de Fidel Castro, Camilo Cienfuegos y el pueblo en los primeros años de la Revolución son parte esencial del imaginario visual cubano. Su estilo espontáneo y preciso lo convirtió en referente del fotoperiodismo histórico.

René Peña (1957) representa la fotografía contemporánea cubana. Su obra explora la identidad, la raza y la marginalidad, muchas veces a través de autorretratos provocadores. Peña ha expuesto en Europa y América Latina, y es considerado uno de los fotógrafos más innovadores de Cuba, rompiendo con el documentalismo clásico para proponer una estética reflexiva y crítica.

José Alberto Figueroa (1946), discípulo de Korda y Corrales, ha dedicado gran parte de su carrera a documentar la vida cultural cubana, especialmente la danza, el teatro y la música. Su archivo es un testimonio artístico de la riqueza cultural de Cuba, y su técnica impecable le ha valido reconocimiento nacional e internacional.

Raúl Rodríguez Cabrera (1944) es uno de los camarógrafos más reconocidos del cine cubano. Su trabajo en películas como Lucía (1968) y Fresa y chocolate (1993) lo convirtió en referente de la cinematografía nacional. Su dominio de la luz y el encuadre ha sido clave en la estética del Icaic, y ha recibido el Premio Nacional de Cine por su trayectoria.

Ángel Alderete (1947) ha sido camarógrafo de numerosos documentales y largometrajes cubanos. Su estilo sobrio y eficaz ha contribuido a la narrativa visual de obras emblemáticas del cine revolucionario. Fue colaborador cercano de realizadores como Santiago Álvarez, y su trabajo se distingue por una mirada comprometida con la realidad social.

Julio A. Larramendi (1954) dejó las ciencias por la Fotografía, profesión en la que ha desempeñado una ardua labor, destacándose en la misma nacional e internacionalmente obteniendo así mismo varios premios. Ha publicado varios libros de Fotografía sobre temas de cultura y naturaleza. Su trabajo publicitario incluye materiales gráficos, medios interactivos y otros. Ha trabajado como fotógrafo y productor en realizaciones de video y cine. Es el director editorial de Ediciones Polymita.

Rigoberto Senarega (1950) ha trabajado extensamente en la televisión cubana, especialmente en programas culturales y dramatizados. Su capacidad para adaptar la técnica cinematográfica al lenguaje televisivo lo ha hecho destacar en el medio, y ha formado a varias generaciones de camarógrafos en el país.

Estos son solo algunos de nuestros profesionales cubanos del lente que, cámara en mano, han sido cronistas de nuestra historia y nuestra cultura.

Este día celebra, no solo la técnica y el arte de la imagen, sino también la valentía y la sensibilidad de quienes, a través de las imágenes, han preservado la memoria colectiva de Cuba y del mundo. A todos ellos: ¡Felicidades!

Gilberto González García