“No queremos paz sin independencia”: Cuba será un eterno Baraguá
El 10 de febrero de 1878 se firmó el Pacto del Zanjón, un acuerdo que puso fin a la Guerra de los Diez Años y aseguró la continuidad de la dominación colonial en Cuba. Para muchos significó la capitulación. Pero Antonio Maceo, el Titán de Bronce, se negó a aceptar esa paz sin independencia.
En carta dirigida a los patriotas cubanos, Maceo escribió: “No se puede aceptar la paz sin independencia, porque sería traicionar la sangre derramada” (Maceo, 1878/1975). Esa palabra epistolar se convirtió en acto público el 15 de marzo de 1878, cuando protagonizó la célebre Protesta de Baraguá. Allí, frente a las autoridades españolas y a los propios jefes mambises que habían aceptado el Zanjón, reafirmó que la libertad no podía negociarse.
José Martí valoró aquel pacto como una claudicación que no representaba el verdadero espíritu del pueblo cubano. En sus escritos señaló que el Zanjón fue una tregua sin gloria, pero que la Protesta de Baraguá devolvió a la patria su decoro (Martí, 1893/1975).

El historiador Ramiro Guerra, en su libro Historia de la Nación Cubana (1952), coincidió en esa interpretación. Para él, el Zanjón fue una salida negociada que no resolvía las aspiraciones de independencia; mientras que Baraguá se convirtió en el verdadero cierre moral de la contienda. Guerra subrayó que la actitud de Maceo devolvió la dignidad perdida, y proyectó la continuidad de la lucha hacia la independencia definitiva.
Más de 80 años después, Fidel Castro retomó ese legado y lo resignificó en el contexto del socialismo cubano. En el centenario de Baraguá, Fidel recordó la frase de Maceo: “No queremos paz sin independencia”, y añadió: “La libertad no se mendiga, se conquista con el filo del machete”. Pero, además, aportó una visión nueva: “El futuro de nuestra patria será un eterno Baraguá”. Con ello, Fidel convirtió la Protesta en símbolo permanente de la resistencia cubana, proyectando la ética de Maceo hacia el presente y el porvenir.

Hoy, cuando se intenta doblegar la voluntad de Cuba mediante órdenes ejecutivas y presiones externas, la voz de Maceo, la voz de Martí, y la voz de Fidel, se funden en la voz de los revolucionarios cubanos. Esa voz ratifica que no habrá nunca más otro Zanjón en nuestra historia.
Como reiteró Fidel en el centenario de la Protesta, Cuba será un eterno Baraguá: un país que no se rinde, que no negocia su dignidad y que defiende su soberanía con la firmeza de quienes saben que la libertad no admite concesiones.

