Perdura la obra de Mariano Rodríguez en la cubanía de sus gallos y las multitudes

Perdura la obra de Mariano Rodríguez en la cubanía de sus gallos y las multitudes

Mientras apuraba un café en el patio de su casa en el capitalino reparto de La Víbora, el joven pintor sintió que un vistoso gallo catalán, que estaba amarrado, atraía su atención más de lo normal, y con una libertad de imaginación enorme, comenzó a hacerle acuarelas.

Se iniciaba la década de 1940 y también para Mariano Rodríguez (1912-1990) la entrada en un tema que estaría muy ligado a él desde entonces y hasta el fin de sus días. Pero después se le vio hurgar en las entrañas de otro tema -no menos interesante- referido a las masas populares, no como fueron tratadas por algunos pintores de su época (alienadas, panfletarias o huyendo), sino como se ven en Cuba, con una unidad y una conciencia política extraordinaria.

Su madre no detuvo la afición de pintar de su muchacho que, a instancias de los amigos e impulsado por el impacto que le causó el primer salón de pintura contemporánea abierto en La Habana, luego de la caída del presidente Gerardo Machado, en 1935 salió hacia México (tras breve período de estudios en la academia de San Alejandro) para estudiar muralismo, influido por lo que se hablaba de él como pintura revolucionaria en América.


Y el muralismo exigía un dibujo rígido y seguro, sendero por el que Mariano marchaba seguro en el dibujo. Porque en el desarrollo de ese tema se puso a analizar su sensibilidad expresiva, lo que le garantizaba ver los cambios en la plástica, como cuando incursionó en el expresionismo abstracto.

Mariano fue profesor del Estudio Libre de Pintura, dirigido por Eduardo Abela, y viajó bastante, pero siempre regresó a su tierra natal, la Cuba de sus amores. Porque eso de querer residir en ella, cosa común en casi todos los de su generación, ayudó a su formación política. De manera inconsciente, buscaba, como otros, la nacionalidad en cada pintura. Volcó todo su imaginario creativo hacia el arte cubano.

Había sido miembro del Ala Izquierda Estudiantil y a su regreso a Cuba, colabora con el Partido Socialista Popular (PSP). Se debían recaudar cien mil pesos con vista a la campaña del PSP para la Constituyente y buscó el apoyo de algunos artistas como Amelia Peláez y René Portocarrero; idearon unos afiches de los que solo se logró imprimir el de Mariano, con un tema muy cubano, que mostraba un campesino algo mambí, con una bandera en el sombrero.

Estuvo muy vinculado durante muchos años a Haydée Santamaría y a la Casa de las Américas, donde fue subdirector y luego la sucedió en el cargo entre 1980 y 1986, lo que lo hizo vincularse con la cultura latinoamericana y eso contribuyó a su formación. Previo a eso fue fundador de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y presidió la sección de los artistas de la plástica.

Siempre siguió amando mucho al color y en su manejo, capturando la luz de esa manera suya de trabajar sobre la realidad. Sin dudas, Mariano fue un hombre cordial y sencillo, ajeno al “autobombo” y al gusto elitista, y dirigió su esfuerzo hacia los fines propuestos en su pintura. Consideraba que su pintura era optimista porque dos cosas le interesaban: El Socialismo y la pintura, y admiraba cómo al unir ambas cosas no tenía ningún sentido la desesperanza.

Este extraordinario pintor cubano nació el 24 de agosto, hace 114 años.

Ana Rosa Perdomo Sangermés