Reconcentración de Weyler, los cubanos no olvidan el genocidio
La desesperación de la metrópoli española ante el avance incontenible de la invasión a Occidente, al mando del Lugarteniente General Antonio Maceo y el Generalísimo Máximo Gómez, hizo que pusiera en práctica su última oportunidad: el envío urgente a Cuba de Valeriano Weyler, ya conocido desde 1868 en el país como asesino y torturador de prisioneros, y por su crueldad hacia ancianos, mujeres y niños.
La situación de Cuba era muy compleja en 1896, sobre todo para las fuerzas militares españolas, que se encontraban dispersas en medio de un estado de guerra y peleando contra un Ejército Libertador cada día más fuerte.
Desde el punto de vista político era palpable la pérdida de la moral en las tropas españolas debido a las constantes derrotas, mientras que el prestigio de las tropas mambisas se consolidaba.
Weyler llegó a Cuba con la trascendental misión de terminar con rapidez la guerra y se consideraba en plenitud de capacidad para lograrlo, por lo que así lo prometió a quienes lo designaron. Para ello, ideó un plan estratégico, que consistía en dividir el país en tres regiones, por medio de trochas para aislar, separar e incomunicar a los grupos insurgentes y así imposibilitar la ayuda mutua.
También contemplaba la reconcentración de los campesinos, con el cierre de las tiendas y establecimientos y sus consecuentes males de hambre profunda, sed e insalubridad. A eso se unía la situación grave de enfermedades en la población como viruela, anemia y tuberculosis, que hacían estragos. La masacre produjo la muerte de familias enteras, pero esa política atroz no pudo frenar el avance de la insurrección.

Según las estadísticas, más de 300 mil cubanos perdieron la vida como consecuencia de la reconcentración. El 21 de octubre de 1896, Weyler iniciaba el bando occidental del genocidio en Pinar del Río y lo extendía luego a los dos restantes, que abarcaba poco a poco a todo el país.
A pesar de los profundos efectos que causó esta política de exterminio en el orden político, económico y social, la relación pueblo – Ejército Libertador no pudo ser quebrantada y la población continuó apoyando y sumándose a las fuerzas insurrectas que avanzaban indetenibles.
En ocasión del centenario del inicio de la reconcentración de Weyler, en 1996, el Comandante en Jefe Fidel Castro reflexionaba: «Ahora en este año, precisamente, se cumplen 100 años… ¿Hay que olvidarlos?… ¿y qué eran esos niños, esas mujeres y esos ancianos, sino mártires de la independencia de Cuba? ¿Cómo podemos olvidar eso?».
Hoy, 130 años después, a los cubanos se nos quiere imponer otra matanza. Los que nos arrebataron la independencia en 1898, los Estados Unidos, nos quieren rendir por hambre y enfermedades con el recrudecimiento del genocida bloqueo económico, comercial y financiero, sus medidas extremas, sanciones, amenazas y el cerco energético. Y de nuevo evocamos un pensamiento eficaz, continuación de aquel: «Ahora, precisamente, hacer un monumento, es hacerlo no solo por los que murieron entonces, sino también por los cubanos que hoy sufren otro intento de holocausto». ¡Cuánta vigencia conservan sus palabras!

