Universidad para Todos: la televisión como aula magna de la nación cubana

Universidad para Todos: la televisión como aula magna de la nación cubana

El 2 de octubre de 2000, la Televisión Cubana estrenó Universidad para Todos, un programa educativo concebido como parte de la Batalla de Ideas y por indicación directa de Fidel Castro, quien ya en 1969 soñaba con universalizar la enseñanza superior.

Lo que comenzó como un curso de Técnicas Narrativas impartido por Eduardo Heras León, Francisco López Sacha y Amir Valle se transformó, con los años, en la universidad más masiva y variada del país.

Desde el punto de vista educativo, su importancia es indiscutible. Con más de 190 cursos y siete mil horas de clase a lo largo de un cuarto de siglo, el programa ha acercado disciplinas como técnicas Narrativas, Idiomas, Historia, Apreciación Artística, Genética, Meteorología y Biotecnología a cientos de miles de televidentes de todas las edades y ocupaciones, sin exigir prueba de ingreso ni escalafón estudiantil.

La distribución de más de 32 millones de tabloides con los contenidos de cada curso materializó el acceso al conocimiento incluso en los rincones más apartados del país. El propio Fidel lo resumió en el primer aniversario: «Ustedes son la mayor universidad del país, porque tienen millones de alumnos».

Por sus teleclases han desfilado figuras cimeras de la cultura y la educación cubanas. La bailarina Alicia Alonso participó en los cursos sobre la Escuela Cubana de Ballet, junto a la metodóloga Ramona de Saá. El escritor Eduardo Heras León, Premio Nacional de Literatura, no solo inauguró el programa, sino que fue su inspiración primera. También intervinieron el músico Tata Güines, el historiador del ballet Dr. Miguel Cabrera, el profesor Dr. Roberto Chorens en apreciación artística, el Dr. Manuel Iturralde en temas científicos, Pedro de la Hoz en cultura, y Guillermo Rodríguez Rivera en literatura. En total, más de dos mil 400 profesores —entre doctores en Ciencias, másteres y licenciados— han colaborado de manera voluntaria en este claustro televisivo.

La vigencia de Universidad para Todos respecto al ideario de José Martí es profunda y explícita. El programa encarna el apotegma martiano «Ser culto para ser libre», principio que ha guiado la política educativa cubana desde el triunfo revolucionario. Martí concebía la educación como un derecho universal, «para todos sin distinción de clase social, raza ni sexo», y advertía que «la propagación de la cultura» era el remedio de los vicios republicanos y la savia de la libertad.

Al llevar la universidad a cada hogar a través del televisor, el programa materializa esa visión: no se trata solo de transmitir conocimientos técnicos, sino de formar ciudadanos cultos, críticos y libres. La propia génesis de la iniciativa en los debates de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba sobre la invasión cultural en tiempos de globalización conecta directamente con la preocupación martiana por preservar la identidad y la soberanía espiritual de la nación.

A veintiséis años de su primera transmisión, Universidad para Todos sigue siendo un proyecto vivo, perfectible y necesario. Su existencia demuestra que la televisión, tantas veces denostada como instrumento de alienación, puede convertirse en vehículo de emancipación cultural. Como sentenció Eduardo Galeano al conocer la experiencia: «La televisión también puede ser un instrumento útil para difundir y crear cultura».

Gilberto González García