Excilia Saldaña: memoria del corazón

Excilia Saldaña: memoria del corazón
Foto: Cubaperiodistas

La muerte pudo con su cuerpo, pero no con su obra, que perdura para siempre. Su palabra nació en la tradición oral caribeña que aprendió en la casona de La Víbora y bajo el portalón de Santa Fe, donde la abuela «siempre estaba haciendo historias». Allí, en ese espacio doméstico que supo convertir en territorio subversivo se forjó la naturaleza literaria de Excilia Saldaña.

Nació Excilia el 7 de agosto de 1946, cuando «el sol se preparaba a dar paso a La Noche». Y así, entre la luz y la sombra, entre la palabra y el silencio, llegó ella: de los brazos adolescentes de su madre pasó a los de su abuela, y en ese tránsito se forjó su identidad más profunda.

Esa abuela analfabeta pero brillante, «elemental y simple como el milagro cotidiano del agua», se convertiría en el centro gravitacional de su obra y de su vida. Porque Excilia no escribió para ser recordada por su nombre -«los otros miles que me daba mi abuela cada día»-, sino para «estar dentro de alguien»; y la literatura infantil, decía, es la forma más cierta de habitar para siempre en el lector y crecer dentro de él.

Aprendió que «la abuela creó a Excilia» y que en ella conviven las dos. Por eso, cuando publicó La noche, en 1989, no solo entregó a la literatura cubana uno de sus libros más bellos y perdurables; también consagró un diálogo poético entre generaciones femeninas que reivindicaba la memoria, el amor y la identidad de la mujer negra en la Isla.

Maestra, académica, traductora de múltiples lenguas, ganadora de los premios La Rosa Blanca -en tres ocasiones- y el Ismaelillo, Excilia desafió desde la intimidad los estereotipos del Negrismo que la habían precedido, aquellos que reducían la figura de la mujer afrocubana a un cuerpo erotizado y silenciado. Ella abrió un espacio nuevo para definir la identidad femenina desde la subjetividad y la autorreflexión, rompiendo «con los conceptos dominantes de raza, género y nación».

Su poesía, como ella misma definió su obra maestra, es un «libro circular»: se lee en la infancia y queda un recuerdo agradable; con la experiencia, vuelve a decir otras cosas. Y en ese ir y venir de la palabra, Excilia Saldaña sigue conversando con su abuela, y con nosotros, desde la memoria del corazón, aún después de que su cuerpo volviera a la tierra el 20 de julio, cuando apenas faltaban seis meses para que terminada la vigésima centuria.

Gilberto González García