Abel Santamaría Cuadrado, un joven de convicciones profundas
La heroicidad y la firmeza demostradas por Abel Santamaría Cuadrado (1927-1953) durante el asalto al cuartel Moncada y en las horas posteriores a su detención, fueron el fruto de su formación ideológica temprana, que incluso pudiera partir desde su niñez en su ciudad natal Encrucijada, con el acercamiento al pensamiento martiano.
Todas las referencias sobre él definen su personalidad como la de un joven alegre, con inquietudes intelectuales y una gran preocupación por los destinos futuros de su Patria. Era conocido su carácter bondadoso y extrovertido, recto, prudente, aunque decidido. Poseía una extraordinaria capacidad de trabajo y organización, era estudioso y comprensivo.
Un apartamento del edificio ubicado en las calles O y 25, en el Vedado, donde vivía con su hermana Haydée, fue punto de reunión habitual de la Dirección del Movimiento revolucionario y sede clandestina de éste, y allí asistía sistemáticamente el joven líder Fidel Castro.

Abel trabajó muy cerca de él durante los preparativos de la acción armada del 26 de Julio de 1953. También contribuyó mucho a la creación de una biblioteca en ese propio apartamento; compró libros y los organizó a la perfección con vista a que todos sus compañeros tuvieran una fuente de preparación política e ideológica. Adquirió una Enciclopedia y las Obras Escogidas de Vladimir Ilich Lenin, que junto a los libros de José Martí eran su tesoro.
No cesaba de leer, tal era su avidez por aprender bien y rápido. Fidel le había encomendado un amplio programa de lectura, que cumplía al pie de la letra y, en el transcurso de unos pocos meses, se adentró en temas de historia, política, economía, y los correspondientes a contabilidad y las asignaturas de sus estudios de bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, los cuales realizaba en horario nocturno después de su jornada laboral y donde solo logró alcanzar el tercer año.
Actualmente, en el «librero de Abel» que se conserva en el apartamento de O y 25 (Museo) hay varios libros, pero uno especialmente llama la atención de los visitantes. Es un volumen de Anatomía, cuyas páginas conservan una nota manuscrita de Abel que refleja la dirección donde vivía Rosita, una compañera de estudios. Ella más tarde contaría que el joven revolucionario estudiaba mucho a Martí y que en una ocasión le dijo que había leído algo del Apóstol, en que éste decía que vendría un grupo de jóvenes que serían los que de verdad liberarían a Cuba. «Esos jóvenes somos nosotros», le dijo Abel con absoluta convicción. También conversó con ella sobre Fidel y de su extraordinaria personalidad.
Y el joven Abel siguió siendo hasta el final de su vida, truncada con apenas 25 años de edad, un persistente lector, de gran visión política e innato optimismo. No fue casual que Fidel lo designara como segundo jefe del Movimiento, por ser “el más generoso, querido e intrépido de los jóvenes”, modelo de una generación extraordinaria, y que este 20 de octubre, a 99 años de su natalicio, sigue irradiando con su ejemplo hacia las presentes y futuras generaciones de cubanos.
Avancemos hacia el año del centenario de Abel Santamaría Cuadrado profundizando en sus ideas y en toda su obra revolucionaria, como guía indiscutible para afrontar los desafíos actuales.

