Alberto Marrero: 70 años de intuición y fidelidad

Alberto Marrero: 70 años de intuición y fidelidad

Para el escritor cubano Alberto Marrero Fernández, miembro del Secretariado de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, Uneac, al lector hay que involucrarlo en la historia que se cuenta.

Este 18 de abril, Marrero cumplió siete décadas de vida, y su obra continúa con esa fidelidad inquebrantable al ser humano y a la Patria, rehuyendo esquemas y apostando siempre por la intuición y la lucidez.

“Nunca he escrito a partir de presupuestos, o plan predeterminado. Tampoco enarbolo tesis. Soy en ese sentido un escritor intuitivo”, confesó en 2025 durante el recibimiento del Premio Alejo Carpentier de Cuento por el texto Cerámica de invierno.

El registro creativo de quien encabezara la Asociación de Escritores durante varios años, va desde la poesía y el cuento hasta la novela, mezclando personajes reales y ficticios y explorando los dilemas de la conducta humana en circunstancias extremas.

Asegura que, aunque pasen los años, será la poesía su brújula permanente, porque sin ella no se puede escribir nada que valga la pena; mientras que el cuento -precisa-, es un terreno de verdaderos desafíos donde nada puede fallar.

Su formación martiana lo convierte en ferviente defensor del mejoramiento humano, al reconocer que no somos homogéneos, sino seres donde habitan virtudes y defectos, siendo fuertes y débiles al mismo tiempo.

A sus 70 años de edad, confiesa que no hubo mejor regalo de cumpleaños que la posibilidad de presentar uno de sus más recientes títulos en la Calle de Madera, espacio de privilegio para las novedades literarias en el Centro Histórico capitalino, donde se lanzó  La verdad que huye, bajo el sello editorial Letras Cubanas.

La novela transcurre entre dos puertos distintos: La Habana y Gijón, España, donde a modo de dúo detectivesco, Juan Salazar y Tomás Larrinaga, se adentran en la investigación del asesinato de una prostituta canaria, conduciendo el crimen a una posible red de traición a la Corona española, con implicaciones de los salones de poder habaneros, a finales del siglo XIX, hasta el gobierno de los Estados Unidos.


Alberto Marrero trabaja su acto creativo con disciplina, confiesa que prefiere el amanecer, cuando los ruidos y la vida están en pausa. La creación en solitario, comentó en una entrevista al portal Cubarte en 2020, “permite enfocarse, meditar y hallar la idea y la forma adecuada, la palabra precisa, la imagen y la asociación más sugerente”.

En esa misma ocasión acotó que para nada se veía como un escritor perezoso, y más cuando el ejercicio de la literatura le produce un gran placer, consolidando con él su fecunda trayectoria.

Entre los reconocimientos que avalan su obra además del Premio Alejo Carpentier 2019 y 2025, sobresalen el Premio UNEAC de Poesía Julián del Casal, el Regino Pedroso, el Nacional de Narrativa Hermanos Loynaz y el de Cuento La Gaceta de Cuba.

Para este laureado escritor, el papel de la vanguardia literaria cubana siempre será entregar obras que enriquezcan la cultura nacional y enaltezcan la condición humana. “El verdadero escritor siente una gran responsabilidad por su país. Nuestros enemigos apuestan por intelectuales y artistas pusilánimes que le hagan el juego. Y eso no lo van a lograr”.

Con su fidelidad a la Revolución, Marrero Fernández intenta mantener una mirada optimista sobre la realidad, lo más objetiva posible, sabiendo de antemano que hay seres de un egoísmo visceral y un sistema mundial que no se cambiará de un manotazo.

Reconoce, sin embargo, que nada es inmutable, subrayando que el arte y la literatura tampoco lo son, hondura filosófica que plasma en su obra junto a su particular sensibilidad estética.

Daynelis Rodríguez Peña