Pepe Sánchez, el sastre santiaguero que, sin saber música de manera académica, se convirtió en el padre de la trova cubana y en el creador indiscutible del bolero latinoamericano nació en Santiago de Cuba el 19 de marzo de 1856.
Autor: Lázaro Hernández Rey
Aquel domingo 18 de marzo de 1923, en la antigua Academia de Ciencias de La Habana, nadie esperaba que una velada cultural se transformara en el pistoletazo de salida de una nueva conciencia cívica.
Su contribución a la formación de una conciencia nacional cubana fue, precisamente, literaria y profunda.
Cuando Sergio Aguirre falleció en La Habana el 17 de marzo de 1993, Cuba perdió a uno de sus intelectuales más comprometidos.
Su obra literaria, que incluye poemarios como Amar sin papeles (1980), Los ojos sobre el pañuelo (1982) —ganador del Premio Latinoamericano de Poesía “Rubén Darío”— o el conmovedor El libro de María (2001), presentado por el argentino Juan Gelman, dialoga con esa búsqueda. Es una poesía que, como su cine, se niega a renunciar al asombro.
En un escenario mediático dominado por la inmediatez y los nuevos lenguajes, El Caimán Barbudo sigue empeñado en una tarea que asumió desde su génesis: demostrar que el arte y el pensamiento crítico no están divorciados de la vida.
Céspedes, el poeta, el dramaturgo, el traductor, el diarista, sigue vivo. No solo como el hombre que dio la libertad a sus esclavos, sino como aquel que, desde la profundidad de su cultura y la sensibilidad de su pluma, soñó y escribió la patria mucho antes de poder fundarla en el campo de batalla.
Nacida en 1915 en San Cristóbal, Pinar del Río, desafió las convenciones de su tiempo para erigir obras que hoy son parte inseparable del paisaje y el alma nacional.

