El campesinado cubano, fuerza revolucionaria leal y firme

El campesinado cubano, fuerza revolucionaria leal y firme
Foto: Agencia Cubana de Noticias.

Tras el triunfo de la Revolución Cubana, apenas cuatro meses después, el 17 de mayo de 1959, la máxima dirección revolucionaria subió nuevamente a las montañas de la Sierra Maestra para hacer de la comandancia general del Ejército Rebelde, en La Plata, el histórico escenario del primer gran paso en la obra transformadora del país y convertir en realidad las aspiraciones de las masas campesinas: la Primera Ley de Reforma Agraria.

La fecha y el lugar eran todo un símbolo: la primera evocaba la tradición combativa del campesinado cubano, su lucha en condiciones desiguales frente a la voracidad de las compañías estadounidenses ejemplificada en el campesino Niceto Pérez (de cuyo asesinato se cumplen hoy 80 años), que se convirtió en bandera de lucha de las masas explotadas.

El lugar también significaba mucho. Los picos de la Sierra recordaban los inmensos esfuerzos realizados por el pueblo cubano en la lucha insurreccional contra la tiranía y el decisivo aporte de los campesinos orientales y de otros lugares del país al Ejército Rebelde. Además, era como si se quisiera subrayar que la batalla del pueblo por la vida y por el futuro no había terminado, que todavía había que luchar muy duro frente a un poderoso enemigo.

Allí, entre aquellas altas montañas, en medio de un paisaje impactante y una historia para no olvidar, se firmaba la Primera Ley de Reforma Agraria, que significó un vuelco histórico sin precedentes, quebró el poder de las clases explotadoras y con el paso del tiempo echó a andar las bases en la campiña cubana de una cultura productiva socialista altamente tecnificada.

Para los pequeños agricultores y los obreros agrícolas, la Ley representó una profunda liberación económica y social, convirtió decenas de miles de hombres del campo en propietarios de la tierra que laboraban y erradicó el latifundio.

La Revolución en sus 67 años de existencia ha tenido siempre en el campesinado una fuerza revolucionaria leal y firme, una fuerza que no ha fallado nunca por difíciles que hayan sido las circunstancias. Se trazó una política inviolable de respeto y ayuda a los campesinos como aliados de la clase obrera en todas las tareas de la producción, la defensa y el desarrollo general del país.

Ya lo había señalado el Comandante en Jefe Fidel Castro: «el proceso iniciado el 17 de mayo de 1959, más que una reforma agraria, constituye una verdadera revolución agraria».

En igual fecha, pero de 1961, quedaba fundada la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (Anap), llamada a defender los intereses de los hombres y mujeres que labran la tierra y encargada de organizarlos, unirlos, orientarlos y movilizarlos. En esas tareas continúa indetenible, con el empeño cada vez mayor de hacer de lo logrado una bandera y, aún de lo pendiente, desvelo constante. Hoy se renuevan los compromisos productivos para satisfacer las necesidades del pueblo y aportar cada vez más.

Ana Rosa Perdomo Sangermés