En Baraguá nació el símbolo imperecedero de nuestra resistencia
La Protesta de Baraguá continúa representando y enorgulleciendo la dignidad y la identidad, a 148 años de ese extraordinario acontecimiento, porque constituye uno de los actos y sitios más simbólicos que atesora el pueblo cubano.
Allí se sintetizaron principios excepcionales supremos de Cuba como la confianza de los valientes mambises, la firmeza inquebrantable ante el enemigo, el esfuerzo supremo por mantener la unidad, por no arriar las banderas de la lucha y continuarla hasta la victoria, expresada en aquella trascendente frase de Maceo: “No quiero la libertad si unido a ella va la deshonra”.
Le correspondió, con su estatura patriótica extraordinaria, la sabia decisión de entrevistarse con el jefe enemigo español Arsenio Martínez Campos en el lugar conocido por Mangos de Baraguá, el 15 de marzo de 1878, en enérgica e intransigente protesta frente al Pacto del Zanjón, para salvar la dignidad de la patria cubana.
Maceo conoció del Pacto a pocos instantes de concluir el combate victorioso de Camino de San Ulpiano, donde arrebató al Batallón de San Quintín gran cantidad de armas y pertrechos, y con dolor transmitió enseguida a sus hombres que se había firmado en Camagüey una paz sin la independencia anhelada, traicionando así toda la sangre derramada por dignos patriotas, todo el sacrificio y la entrega cargada de honrosa valentía.
El infame Pacto del Zanjón había sido la vergüenza del derrotismo. Sin embargo, con la Protesta se inmortaliza una postura revolucionaria sin claudicaciones que llega hasta nuestros días, porque con ella se debilitaron los efectos que para el futuro hubieran tenido la capitulación y la cobardía, y exaltaba, sobre todo, la firme posición de aquel joven arriero mestizo que, con su protagonismo, se reforzó como figura nacional cargada de tanto mérito, de tanta conciencia y patriotismo, muchas veces también demostradas en el campo de batalla durante los diez años que la lucha había consolidado.
Según se recoge por los historiadores, el General cubano no permitió en ese momento que Martínez Campos le leyera las bases del Pacto y lo rechazó rotundamente, teniendo en cuenta que en él no se contemplaba la independencia de Cuba ni la abolición de la esclavitud.
Ocho días después de ese encuentro, el 23 de marzo, se volverían a romper las hostilidades detenidas con la efímera tregua del Pacto, porque en la enérgica voz de Maceo se sintetizó todo el honor y la gloria de sus compatriotas, para ese y los futuros momentos. Supo retener para siempre con determinación el infinito compromiso de los cubanos por la independencia de su patria, ayer con el filo del machete mambí, y que hoy se ratifica con las armas de fuego en las manos, si fuese necesario.

