Su contribución a la formación de una conciencia nacional cubana fue, precisamente, literaria y profunda.
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Cuando Sergio Aguirre falleció en La Habana el 17 de marzo de 1993, Cuba perdió a uno de sus intelectuales más comprometidos.
La Protesta de Baraguá continúa representando y enorgulleciendo la dignidad y la identidad, a 148 años de ese extraordinario acontecimiento, porque constituye uno de los actos y sitios más simbólicos que atesora el pueblo cubano.
Esta obra actúa como puente entre la tradición oral africana y el lector contemporáneo, consolidándose como una lectura indispensable.
Su obra literaria, que incluye poemarios como Amar sin papeles (1980), Los ojos sobre el pañuelo (1982) —ganador del Premio Latinoamericano de Poesía “Rubén Darío”— o el conmovedor El libro de María (2001), presentado por el argentino Juan Gelman, dialoga con esa búsqueda. Es una poesía que, como su cine, se niega a renunciar al asombro.
Al recuerdo de su heroica vida acuden hoy las nuevas generaciones, conscientes de la necesidad de aprender sobre sus valores y su resuelta entrega al deber para con la Patria.
A doce años de su partida física, se recuerda a cada paso por su ejemplo de mujer valiente, su disposición para el combate y cualquier tarea por riesgosa que fuera, su humildad y el amor a su pueblo, a su patria y a los máximos dirigentes de la Revolución.
La Revolución Cubana ha sido, desde hace 67 años, el escenario propicio para que las mujeres transformaran positivamente sus vidas y alcanzaran niveles nunca antes imaginados

