La Habana, que con sus plazas coloniales y calles que respira historia, encontró en Emilio Roig de Leuchsenring no solo su primer historiador oficial, sino a un defensor apasionado, cuya vida se entrelazó con la identidad nacional cubana.
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Guitarrista que bordaba filigranas en las cuerdas, poeta que cantaba a los héroes y al amor, Salvador Adams encarna la trova como acto íntimo y colectivo: un arte, en el que la vida se nombra en verso y se acuna en seis cuerdas.
Seis décadas y media nos separan de aquel histórico momento en que el Comandante en Jefe Fidel Castro, entonces Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, anunció dignamente la nacionalización de 26 empresas yanquis radicadas en Cuba.
Apenas un año antes de morir el 5 de agosto de 1895, Federico Engels había concluido el tercer tomo de El Capital. Le había correspondido también la responsabilidad de editar el segundo tomo, diez años atrás (1885).
Correspondería al lugarteniente general Antonio Maceo, el guerrero y jefe mambí indomable, la certeza de reeditar desde aquel 3 de agosto de ese año el periódico El Cubano Libre, en plena manigua
Eusebio Leal Spengler todavía nos enamora, con su verbo sencillo y enaltecedor, su palabra precisa, su rico lenguaje cargado de hermosos adjetivos y metáforas, con la riqueza de sus conocimientos y su cultura, con su amor por Cuba.
El 31 de julio de 1847 nació Ignacio Cervantes Kawanagh. Su trayectoria, aupada por el talento y el prodigio desarrollado con su formación, lo convirtieron en uno de los más notables compositores del siglo XIX en Cuba.
Su espíritu revolucionario trasciende hasta nuestros días con todo el reconocimiento del pueblo cubano que lo sabe entre los primeros en alzarse contra el yugo español.

