Francisco Vicente Aguilera, símbolo de firmeza patriótica

Francisco Vicente Aguilera, símbolo de firmeza patriótica
Foto: Radio Bayamo

Mucho antes del estallido independentista de 1868, que lo erigió como uno de los próceres fundadores de la nación cubana, Francisco Vicente Aguilera y Tamayo (1821-1877), o Pancho Aguilera como lo llamaban cariñosamente sus amigos, se había ganado la admiración y el respeto de los habitantes de la región del Valle del Cauto, debido a su avanzado pensamiento y su carácter firme.

Abrazó desde muy joven las ideas independentistas y, aunque fue hijo de una familia acaudalada, tenía aspiraciones que estaban distantes de los deseos paternos. Sus ideales patrióticos lo llevaron a convertirse en la principal figura de los conjurados revolucionarios orientales y en presidente del Comité Revolucionario de Bayamo.

Cuando se profundiza en el estudio de la vida de este patriota excepcional se comprende la fortaleza de sus ideales y la consagración que lo acompañó siempre, unido a la expresión suprema de desprendimiento, cuando puso su fortuna al servicio de la independencia de Cuba y marchó a la manigua a pelear, aún cuando era considerado uno de los hombres más ricos del Oriente del país.

Una vez enterado de lo sucedido en La Demajagua aquel 10 de octubre de 1868, decidió secundar a Carlos Manuel de Céspedes y se alzó en su hacienda con una tropa de alrededor de 150 hombres, integrada por sus empleados, mayorales y esclavos, a quienes concedió la libertad que tanto habían anhelado. Después se fue a Bayamo para reforzar a los patriotas que atacarían esa ciudad.

En la guerra contra el colonialismo español, le fueron conferidos los grados de general de división y general en jefe del Ejército de Oriente. Libró varias acciones de guerra importantes en aquella zona. Aguilera influyó en los alzamientos masivos posteriores, y con una frase frenó los ánimos de quienes llamaban a la desunión: “Acatemos a Céspedes si queremos que la Revolución no fracase”.

La vida, las tradiciones y la lucha de este hombre que lo dio todo por Cuba quedaron reflejadas en las cartas que enviaba a cada miembro de su familia, depositando, en cada momento y bajo cualquier circunstancia, el amor a su Patria y también su antimperialismo, incrementado durante los problemas que enfrentó en la emigración en Estados Unidos.

En una ocasión manifestó: «Estos yanquis son la personificación del egoísmo. Este es hoy por hoy el concepto y las esperanzas que me inspiran. Ayudarán a Cuba cuando Cuba se haya ayudado a sí misma. Esperar más que eso es una vaga ilusión». ¡Cuánta vigencia hay en esas palabras!

Este 23 de junio conmemoramos el aniversario 205 de un cubano que fue todo conducta, todo valor, modestia, generosidad y dedicación revolucionaria, con una gran dignidad, que puso el interés patriótico por encima de cualquier bienestar individual.

Ana Rosa Perdomo Sangermés