Guillermón Moncada, siempre listo ante el llamado por la libertad

Guillermón Moncada, siempre listo ante el llamado por la libertad
Foto: Tv Santiago

Santiago de Cuba, la ciudad heroica, vio nacer hace 185 años -el 25 de junio de 1841- al guerrero extraordinario por la libertad y uno de los 29 generales cubanos del Ejército Libertador, involucrado en las tres guerras por la independencia: José Guillermo Moncada Veranes, conocido como Guillermón.

Su origen humilde no le impidió tener conocimientos básicos de lectura y escritura, que después le ayudaron mucho, junto a su gran inteligencia y valor, en las gestas emancipadoras y en la vida difícil de esos tiempos. Ejerció el oficio de carpintero aserrador hasta incorporarse a la lucha con 27 años de edad, entre los primeros, en noviembre de 1868, un mes después de iniciada la Guerra de los Diez Años.

De él diría tempranamente el Generalísimo Máximo Gómez: “Este Guillermón vale mucho, además de muy valiente, tiene dotes de mando y gran habilidad estratégica. Si no lo matan, llegará muy lejos”. Y así ocurrió. Fueron decenas de combates en los que participó como soldado y jefe de tropas, destacándose por su entrega en la lucha, su firmeza de principios e intransigencia ante el enemigo.

Muchas de las acciones de este guerrero legendario alcanzaron dimensiones de leyenda. Cuentan los cronistas de aquella primera contienda que en la Batalla de El Zarzal (1873) avanzó como siempre a la vanguardia de su tropa y llegó a los puestos de mando de las fuerzas enemigas, batiéndose con un teniente coronel de fama internacional, a quien como -un relámpago- dejó fuera de combate. Y de inmediato acudió al auxilio de un patriota que luchaba en desventaja con otro oficial español, aniquilándolo.

De su estoico valor abundan los testimonios. Combatió junto a Máximo Gómez y Antonio Maceo, entre otros grandes, y ya con el grado de General de Brigada , junto a este último, rechazó el Pacto del Zanjón y fue uno de los hombres de la Protesta de Baraguá.

Él mismo había reaccionado indignado ante la capitulación del Zanjón: «No podemos admitir nunca la paz que bajo condiciones tan humillantes y ridículas nos brindan los españoles».

Con su potente brazo armado del machete mambí estremecía los llanos, valles y montañas orientales, librando decenas de combates inmortalizados para la Historia. Bastaba la sola mención de su nombre legendario para que en las filas enemigas el miedo hiciera presa a soldados y oficiales.

José Martí designó a Guillermón Moncada como jeje de la provincia de Oriente, porque sobre todo allí era el líder indiscutible del independentismo y el jefe de mayor prestigio en ausencia de Maceo.

Ana Rosa Perdomo Sangermés