La noche en que Changó subió al radio: el debut habanero de Celina y Reutilio

La noche en que Changó subió al radio: el debut habanero de Celina y Reutilio
Foto tomada de Cuba, el arte y sus artistas de Facebook

Aquella mañana del 2 de noviembre de 1948, La Habana amaneció con una resaca de sonidos que llegaban desde el oriente del país. No era para menos. Celina González y Reutilio Domínguez Terrero, un matrimonio de músicos que ya era leyenda en Santiago de Cuba, cruzaron la isla para probar suerte en la capital. Lo que ocurrió después cambió la historia de la música campesina cubana para siempre. El dúo no llegó a La Habana con las manos vacías. Traía consigo un repertorio de cantos afroguajiros que no tenía precedentes en la radiodifusión nacional. La recomendación había venido de un peso pesado: Antonio Fernández, conocido artísticamente como Ñico Saquito, quien los puso en manos del empresario radial Laureano Suárez, el popular Suaritos. Esa mañana, desde los micrófonos de Radio Cadena Suaritos, Celina y Reutilio iniciaron la conquista definitiva de Cuba.

Celina González Zamora había nacido en Jovellanos, Matanzas, en 1928, aunque su infancia y juventud transcurrieron en Santiago de Cuba. Reutilio Domínguez Terrero, nacido en 1921 en el central azucarero Manuel Tamez, en Guantánamo, era un guitarrista de una técnica portentosa. Se conocieron en uno de esos guateques que la familia de Celina organizaba en su casa de la calle Santa Rosa. La primera vez que cantaron juntos interpretaron Lágrimas negras, y la química fue inmediata, tanto en lo musical como en lo personal. Se casaron en 1947 y ese mismo año debutaron en la Cadena Oriental de Radio con el programa Atalaya Campesina.

El éxito en el oriente fue rotundo. Tres semanas después de su primera transmisión radial, ya se presentaban ante una multitud en el estadio de béisbol de Santiago de Cuba. Pero faltaba el salto a la capital, ese paso que en la Cuba de entonces separaba a los artistas regionales de las figuras nacionales. La oportunidad llegó con Ñico Saquito, el compositor de guarachas santiaguero que los escuchó en la radio oriental y decidió apadrinarlos.

Lo que Celina y Reutilio llevaron a La Habana era mucho más que un repertorio. Era una fusión que rompía esquemas. Hasta ese momento, existía una separación bastante marcada entre la música guajira, asociada al campesino blanco y a la décima hispánica, y la música afrocubana, ligada a los rituales y los tambores. El dúo se atrevió a mezclar ambos mundos. Mantuvieron la métrica de la décima y el estilo del punto guajiro, pero pusieron la letra al servicio de las deidades yorubas. El resultado fue explosivo.

Foto tomada de Facebook

La historia de cómo surgió su tema insignia es casi tan fascinante como su música. Celina contó en varias entrevistas que antes de componer A Santa Bárbara, conocida popularmente como Que viva Changó, la virgen se le apareció en sueños en dos ocasiones. Le pidió que le cantara y le prometió el triunfo artístico. Celina, que profesaba la Regla de Osha, compuso entonces un guaguancó en décimas dedicado a la deidad sincretizada con Santa Bárbara. La canción se convirtió en su carta de presentación en La Habana y en un himno que trascendió fronteras.

El impacto del dúo en la radio capitalina tenía una explicación técnica que pocos captaban a simple oído. Reutilio Domínguez no era un guitarrista convencional. En los dúos y tríos de punto cubano de la época, lo habitual era que un músico tocara la guitarra prima, los tonos agudos, mientras otro bordoneaba, es decir, marcaba los bajos. Reutilio, en cambio, había desarrollado una técnica que le permitía hacer ambas cosas al mismo tiempo. Sus dedos, muñeca y antebrazo poseían una flexibilidad extraordinaria. El resultado era que el dúo sonaba como un trío, o incluso como un conjunto más grande. La musicóloga María Teresa Linares describió la voz de Celina como restallante, un calificativo que quedó para la historia.

Aquel debut de noviembre de 1948 no fue un éxito efímero. La semana de contrato inicial se extendió indefinidamente. Celina y Reutilio grabaron más de cuarenta discos, se presentaron en teatros y televisión, filmaron películas como Rincón Criollo y Bella la Salvaje, y llevaron su música a República Dominicana, Nueva York, México, Colombia y Venezuela. El dúo se mantuvo activo hasta 1964, cuando la pareja se separó. Reutilio falleció en 1971, y Celina continuó su carrera como solista. En 1981 retomó el formato de dúo, esta vez con su hijo Lázaro Reutilio, y en 1999 grabó el disco 50 años como una reina, que fue nominado al Grammy Latino en 2001.

La Habana de 1948 era una ciudad de contrastes, de cabarets y solares, de política y rumba. En medio de ese torbellino, dos campesinos del oriente se instalaron frente a un micrófono y cantaron a Changó, a la Caridad del Cobre y a San Lázaro con la misma naturalidad con que se canta a la palma real o al bohío. No pedían permiso ni disculpas. Ese gesto, simple en apariencia, abrió una puerta que nunca volvió a cerrarse. El punto cubano dejó de ser un asunto exclusivamente rural para convertirse en un fenómeno de masas, y la música afrocubana encontró en la voz de Celina una embajadora que la sacó de la clandestinidad y el estigma. Cuando aquella mañana de noviembre el locutor anunció el nombre del dúo, pocos podían imaginar que estaban escuchando el inicio de una leyenda.

Lázaro Hernández Rey