José Maceo, treinta pasos delante de su Estado Mayor
Golpe duro para los patriotas insurrectos significó la muerte en combate hace 130 años del Mayor General José Maceo Grajales aquel 5 de julio de 1896, en Loma del Gato, zona oriental cubana, en medio de la extraordinaria consternación de sus subordinados.
Fueron muchas las anécdotas y proezas de las que José fue protagonista. Con apenas 19 años de edad, estuvo entre los primeros que se incorporaron a la guerra iniciada el 10 de octubre de 1868 como simple soldado y, al fragor de 10 años de cruenta lucha, llegaron a ostentar las jefaturas más importantes del Ejército Libertador.
Él fue parte inseparable de ese proceso de radicalización, donde la intransigencia patriótica fue un factor esencial. Su participación en las tres guerras independentistas, el haber estado presente en la histórica Protesta de Baraguá y las 18 heridas recibidas en centenares de acciones combativas avalan su extraordinaria trayectoria.
De este patriota inmenso que fue José Maceo, de su valentía, audacia y astucia frente al enemigo habrá que hablar siempre en presente cuando se recuerde a los hombres más grandes que ha dado Cuba en toda su historia; de su amor por Cuba, por la independencia de la Patria, por la libertad, a los que dedicó 28 de los 47 años de su fructífera existencia.
Tuvo en Máximo Gómez y Antonio (su hermano) a sus maestros militares. De ellos aprendió a dirigir las cargas de caballería e infantería, el asalto a las poblaciones, ataques a convoyes, emboscadas y, sobre todo, las tácticas de guerra en las montañas. Siempre iba treinta pasos delante de su Estado Mayor.
Extenuado de tanto combatir y carente de recursos, en 1880 optó por el exilio en Jamaica, pero fue interceptado durante el viaje por las fuerzas españolas y obligado a una larga peregrinación por cárceles de América, África y Europa.
La férrea voluntad de José Maceo de vencer las dificultades que impedían su incorporación a las labores revolucionarias en la emigración fue una constante en él. Por eso, al llamado de José Martí para la Guerra Necesaria, arribó a las costas cubanas por Duaba y fue ascendido a Mayor General por decisión de Gómez y Martí.
Del excepcional guerrero y jefe mambí, al conocer la noticia de su muerte, el propio Gómez diría:
«No tenía miedo a las responsabilidades ni jamás se asustaba con los procedimientos, cuando él tenía conciencia de que así debía procederse, y cuando no, lo decía con franqueza, rechazando toda imposición Era un carácter insugestionable… Pocos cubanos he conocido más libre, más trabajador, más valiente, y más resuelto, ninguno. Puedo decir que la Patria ha perdido en él a uno de sus mejores y más decididos y probados servidores».

