Libros que todos debemos leer: El torrente de hierro, de Alexander Serafimovich

Libros que todos debemos leer: El torrente de hierro, de Alexander Serafimovich

La novela El torrente de hierro, del escritor ruso Alexander Serafimovich, es, sin duda, uno de esos libros que todos debemos leer si queremos acercarnos a la historia de Rusia.

La obra narra la épica huida de un grupo de soldados del Ejército Rojo y de sus familias, acosados por las tropas blancas en las montañas del Cáucaso. El protagonista, Kozhuj, debe mantener la moral de la columna y evitar que la desesperación destruya la unidad del grupo. La travesía, basada en hechos reales, se convierte en una alegoría de la forja de un nuevo hombre soviético: el «torrente de hierro» que da título al libro es la masa humana que, a fuerza de sacrificio y disciplina, se transforma en un instrumento imparable de la historia.

Se trata de una pieza fundamental de la literatura soviética temprana, un relato de la Guerra Civil Rusa que, más allá de su función propagandística, ofrece una reflexión profunda sobre la resistencia humana, la disciplina colectiva y el costo moral de la revolución.

Publicada originalmente en 1924, la obra llegó al mundo hispanohablante en 1930 con una primera edición en español a cargo de la Editorial Cenit de Madrid. La Editorial Fénix, de la misma ciudad, la reeditó en 1933, y, en 1974, la Editorial Progreso, de Moscú, puso en circulación otra edición en español que incluye también El ejército de caballería, de Isaak Bábel.

Alexander Serafimovich (1863-1949) nació en una familia cosaca y participó activamente en las luchas sociales de su país, distinguiéndose durante la revolución que acabó con el régimen zarista. Su biografía, marcada por la persecución, la cárcel y la deportación, alimentó una obra literaria que retrató a mineros, pescadores y obreros, todos aquellos que «sufrían hambre de pan y de justicia». El torrente de hierro es, sin duda, su obra más célebre y la que mejor condensa su compromiso con la causa revolucionaria.

El estilo de Serafimovich es directo, casi cinematográfico, con una prosa que alterna la crudeza del reportaje bélico con momentos de lirismo contenido. La novela se inscribe en la tradición del realismo socialista, pero su fuerza no reside tanto en la ideología explícita como en la tensión entre el individuo y la colectividad. Kozhuj no es un héroe en el sentido clásico; es un líder que debe tomar decisiones desgarradoras, y su grandeza nace precisamente de su capacidad para subordinar la duda personal a la necesidad revolucionaria.

Junto a La madre, de Gorki, la obra que nos ocupa forma parte del ciclo de la «novela obrera» que marcó la literatura soviética de los años veinte. Sin embargo, a diferencia de otras obras del género, aquí el enemigo no es solo el Ejército Blanco, sino también la desmoralización, el hambre y el miedo. La verdadera batalla se libra en el interior de los personajes.

Leer hoy El torrente de hierro exige un ejercicio de distancia histórica. Es una obra de su tiempo, con las certezas y las simplificaciones propias de la literatura de combate. Pero en sus mejores páginas —la descripción de la marcha por las montañas, los diálogos entre Kozhuj y sus hombres— late una pregunta que no ha envejecido: ¿hasta dónde puede llegar una comunidad cuando la supervivencia depende de la renuncia a todo lo individual? La respuesta de Serafimovich es dura, implacable y, por eso mismo, literariamente poderosa.

Gilberto González García