Desde el pensamiento crítico pensemos la lengua como gestora de la nación
En Cuba, la lengua española es gestora de la nación y soporte idiomático de la cultura.
¿Ocurre así en otros lugares del mundo?
Este segmento de crítica cultural estará dedicado a compartir indagaciones y hallazgos relevantes sobre el tema en varios países.
Conocer, ampliar conocimientos y saberes beneficia la riqueza del habla y de la comunicación entre las personas.
En su libro Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano, publicado en 1906, el erudito filólogo colombiano Rufino José Cuervo, reconoció: “Nada en nuestro sentir sintetiza tan cumplidamente la patria como la lengua”.
Varios decenios más tarde, el reconocido lingüista español Vicente García de Diego aportó otro importante pronunciamiento en su texto Lingüística general y española, dado a conocer en Madrid, en 1951.
Él destacó la lengua como expresión de la cultura y reconoció que se estudia mejor a la luz de las vicisitudes históricas de cada pueblo. Hizo énfasis en una idea crucial: “La historia de cada nación se ve con más claridad por los testimonios de su lengua”.
En Cuba, somos una nación multirracial formada tras largos y complejos procesos de mestizaje biológico y cultural, que originaron la transculturación y el intercambio lingüístico.
Lo más importante legado por España a Cuba fueron su cultura y su lengua. Nos apropiamos de ellas adaptándolas a nuestras necesidades de cómo manifestarnos y comunicarnos.
El legado hispánico es el componente más importante y diversificado del ajiaco cubano. Este es un acertado símil utilizado por Don Fernando Ortiz para referirse al proceso de formación del etnos en nuestra nación.

