Su obra, partícipe destacada de la plástica cubana del siglo XX, es también un recordatorio de que el arte, en sus manos, fue siempre un acto de fe en la vida y en la dignidad de su pueblo.
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Más que un simple ilustrador, José Luis Posada fue un cronista visual, un filósofo del dibujo que, desde su condición de inmigrante devenido cubano por adopción y convicción, supo interpretar las complejidades, contradicciones y esperanzas de su tiempo.
El 24 de enero de 1897, la maravilla del siglo llegó a La Habana. Un puñado de cortos mudos, proyectados en un local del Prado, marcaron el inicio de una de las cinematografías más vibrantes y complejas de América Latina.
La obra nos muestra que el heroísmo martiano no fue un impulso repentino, sino la consecuencia lógica de una convicción forjada desde la más temprana juventud.
Bajo un fuerte toque de campanas y plenos de optimismo patrio, llegaron a Mantua hace 130 años los integrantes de la columna invasora mambisa, comandados por el Mayor General Antonio Maceo, quienes 92 días antes habían salido desde Mangos de Baraguá (en el oriente de Cuba) con el fin de llevar la Guerra Necesaria hasta la zona occidental.
Cada 22 de enero desde 1980, es mucho más que una fecha en el calendario cultural; es un símbolo de identidad nacional y un recordatorio de cómo el arte escénico en Cuba se entrelazó, desde muy temprano, con el anhelo de libertad y la construcción de la patria.
Su pupila, insomne y crítica, sigue mirándonos desde el fondo de la historia, recordándonos que la verdadera literatura no solo describe el mundo, sino que se empeña en cambiarlo.
El Coronel llegó este jueves a la sede del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Minfar) en silla de ruedas, sus piernas cubiertas por vendajes le impiden caminar.

